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JAP Vidal

Relatos fantásticos y de misterio de JAP Vidal

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Castellano

Un cadáver muy frío – Ana Bolox

29 junio, 2017 by JAP Vidal 2 comentarios

Título : «Un cadáver muy frío. Las cosas y casos de la Sra. Starling 1»
Autora : Ana Bolox.
Año : 2017
Volúmen : 225 páginas.
Género : Novela negra, con toques cómicos y románticos.
Idiomas disponibles : Castellano.

 

Sinopsis de la novela : 

«La nieve cubre las calles de Nueva York, los villancicos y el muérdago se han instalado en Barneys, la Navidad de 1978 se acerca y Anne Starling, profesora de física en la universidad de Columbia y detective aficionada, se aburre sin concesiones. Plantear retos intelectuales a sus alumnos o inventarle ancestros heroicos a su marido, un diplomático británico, a fin de contrarrestar la soberbia del cónsul germano apenas si la sacan de una monotonía tediosa a la que es incapaz de sobreponerse.
Cuando una peculiar anciana le cuenta que sospecha que su vecino, el señor Snow, ha sido secuestrado por una boa, Anne ve la oportunidad que estaba esperando para abrir una nueva investigación.
Sus pesquisas volverán a ponerla en el camino del inspector Crawford, un policía con el que mantiene una chispeante historia de allanamientos, resolución de asesinatos e intercambio de encantadoras impertinencias.
No importa lo mucho que Crawford se empeñe en apartar a la señora Starling del caso Snow cuando se revele más peligroso de lo que parecía al principio, Anne no está dispuesta a dejar sin resolver el enigma.»

 

La opinión de JAP Vidal :

Esta semana os traigo una novela recién salida de la morgue, si el cadáver está muy frío es por otras razones que se explican en el libro. Antes de comenzar su lectura os quiero explicar un par de apreciaciones a tener en cuenta:

– Jack es una forma familiar de John. No lo olvidéis, es un detalle importante. Yo no lo sabía y me hice un lío del que me sacó la misma Ana Bolox.

– Aunque el contexto de la novela es New York a finales de los setenta, los dos protagonistas tienen una personalidad más cercana a los años cuarenta o cincuenta. Se trata de un efecto buscado  por la autora de manera premeditada. Estos guiños son muy frecuentes en las historias de Ana Bolox.

Recordando este par de detalles podréis disfrutar completamente de  esta novela negra y cómica llena de acción, humor y flirteo rozando el libertinaje — ¿exagerado?, ya me diréis–. A veces no estoy seguro de si la víctima en la historia es un cadáver o el pobre marido de Anne Starling que no se entera de nada,  o que prefiere no enterarse para no tener que ponerse el pijama cada noche – cuando lo leáis lo entenderéis–. De todos modos no me extrañaría que en una próxima entrega de la saga, el señor Starling disfrutase de algún affaire amoroso extraconyugal como respuesta a los devaneos de su bella y traviesa esposa.
Pero vamos al meollo del asunto, ¿de qué va la novela? Pues esta historia trata la desaparición en su piso de un anciano, experto en la construcción de maquetas navales. La vecina de enfrente, en vez de ir a la policía, se pone en contacto con Mrs. Starling para que ella investigue el caso. Por supuesto, la profesora universitaria acepta encantada  y de paso mete a su “amigo”, el inspector Arthur Crawford, en el berenjenal, aprovechándose de que es un buenazo, un caballero y además está coladito por ella. Entre los dos deberán  descubrir quién o quiénes están detrás de esta desaparición y resolver el caso de “Un cadáver muy frío”.

Por cierto, es la primera novela que Ana Bolox publica de las historias de Starling & Crawford, aunque no es su primera aventura juntos, pues ambos fueron los protagonistas del relato “Un cadáver en la librería” en la antología de relatos de varios autores “La librería a la vuelta de la esquina”. En aquel relato Ana Bólox nos narraba el encuentro inicial entre Arthur Crawford y Anne Starling; además, en la última página nos explicaba un detalle biográfico muy interesante de Anne y que entusiasmará a los seguidores de Ana Bolox que no lo hayan leído o que, como yo, no cayeran en él en su momento.

Así que no solo os animo a leer “Un cadáver muy frío”, si no también aprovecho para animaros a leer este libro de relatos en el que participa también un servidor — dos recomendaciones por el precio de una –.

Puedes comprarlo en Amazon, en versión Kindle.

 

Publicado en: Lecturas Etiquetado como: Ana Bólox, Castellano, Reseñas

Noche de difuntos

26 junio, 2017 by JAP Vidal Deja un comentario

El viento aúlla en esta noche de difuntos.

El viejo alcalde se despierta con el sobresalto de un golpe. La ventana se ha abierto de par en par y la  corriente de aire frío transporta sobre sus lomos un nombre, pregonándolo por toda la estancia.

RAAMOON

– No puede ser.

El alcalde escucha la voz de la noche, detiene su respiración para poder confirmar  si el viento le habla a él.

RAAMOON

Una nueva ráfaga le transporta la respuesta. El vello de la nuca se le eriza.

– ¡Joder, otra vez no, joder!

Desearía esconder su cabeza debajo de las sábanas, pero eso hizo el año pasado y tuvo que soportar el ulular del viento hasta el amanecer, sin poder dormir. No, esta vez se enfrentará a sus miedos. El alcalde se levanta de la cama y su pie descalzo se posa sobre el frío parqué. La madera cruje a cada paso que da.

RAAMOON

Insiste el viento. Él se asoma por la ventana y lo ve allá abajo, al otro lado de la calle, observándole. Lleva el mismo traje gris que llevaba el día del fusilamiento.

– ¡Maldito seas, cabrón!

El viejo alcalde escupe las palabras con toda su rabia. Se aleja de la ventana en dirección al armario donde guarda la escopeta de caza. La carga y vuelve hacia aquella ventana, ahora callada. El viento parece haber cesado de repente. “Seguro que el bromista se ha largado ya”, Ramón mira por la ventana pero  ante su sorpresa, el hombre sigue allí. Ni siquiera huye cuando el alcalde abre la ventana y asoma la boca de su escopeta.

Dispara. El hombre del traje gris ni se inmuta. “Juraría que le he dado” piensa el alcalde, que comienza a sudar a pesar del frío que ha invadido su habitación. El extraño, hace una señal al anciano, exhortándole a bajar a la calle. “¡Ahora verás, malnacido!”. Baja las escaleras y cuando abre la puerta de la casa ve que el hombre está alejándose poco a poco. Cojea, igual que cojeaba Pedro.

¿Quién eres?”, grita, pero el hombre no se gira, sigue caminando, y el viejo alcalde detrás de él, sin acercarse demasiado, temeroso de lo que pudiera descubrir. “Bobadas, no es más que un bromista con ganas de liarla” se convence a sí mismo, intentando calentarse el espíritu mientras su cuerpo se congela al arreciar el viento nuevamente.

El cojo llega a la verja del cementerio, que está abierta. ¿Por qué está abierta? Siempre se mantiene cerrada a cal y canto con una cadena que ahora está tirada en el suelo. El anciano camina hacia el camposanto pensando en el cojo. “Como me recuerda a Pedro”, ese era su nombre antes que él mismo diese la orden de fusilarlo, a él y a otros cinco hombres, acusados de colaborar con los maquis. “Por rojos”. Fue hace muchos años, cuando la venganza era el pan de cada día y la sangre corría generosa. Nunca nadie vino a exigirle cuentas por esas muertes, aquellos hombres fueron olvidados por todo el pueblo. Sus familias huyeron y los cuerpos acabaron en una fosa común, en una esquina del cementerio. Y el cojo se dirige hacia ese rincón. Al llegar, Ramón observa con terror que la tierra de la fosa ha sido removida. De repente, se ve arrastrado por una fuerza invisible hasta el borde de la tumba. No quiere hacerlo, pero una fuerza superior domina su mente, obligándole a mirar dentro. Allí abajo están los huesos, las calaveras, de aquellos hombres que una vez fueron sus vecinos; los odiaba porque no le respetaban, porque no se sometían a su poder, porque nunca se arrodillaron como sí hicieron los demás. Ellos se lo buscaron.
Ramón sigue observando esos restos, desearía regresar a casa, pero no puede. Su cuerpo se ha entumecido y las órdenes del cerebro no llegan a las piernas. Alguien le empuja y Ramón cae dentro de la fosa. Ha sido el cojo ¿Pedro? No puede ser, ese hombre murió hace muchos años. El extraño se asoma a la fosa pero su rostro es más oscuro que una noche sin luna. Comienza a caer tierra dentro de la fosa, están intentando enterrarle vivo. Ramón lucha con todas sus fuerzas por salir, pero algo lo retiene, él juraría que son los huesos de la fosa que han recobrado la vida para vengarse.

RAAMOON

Esta vez son varias las voces que claman su nombre al unísono. Y el viejo alcalde sabe que esta noche de difuntos pagará con su alma el precio de la sangre derramada en el pasado.

Por la mañana todo el pueblo busca sin éxito al “Señor Alcalde”, el hombre que había mandado durante decenios en aquel pueblo hasta que llegó la democracia, y luego siguió moviendo los hilos desde un segundo plano. Algunas viejas comienzan a cuchichear algo de un castigo divino. Pocos hacen caso y la mayoría creen que se ha marchado al Caribe con una jovencita de una mano y en la otra una maleta llena de dinero para disfrutar al máximo lo poco que le queda de vida.

A nadie se le ocurrirá buscar sus restos en aquel rincón del camposanto, en una fosa intacta desde hace más de medio siglo.

Publicado en: Castellano, Relatos Etiquetado como: Castellano, Terror

Lectores aéreos – Gabriella Campbell

22 junio, 2017 by JAP Vidal Deja un comentario

Título : «Lectores aéreos: Un relato de terror y catorce de fantasía»
Autora : Gabriella Campbell.
Año : 2015
Volúmen : 153 páginas.
Género : Relatos cortos de Fantasía Oscura.
Idiomas disponibles : Castellano.

Sinopsis de la novela : 

«La fantasía, como la ciencia ficción, trabaja en el terreno de lo especulativo. Nos hacemos preguntas: ¿qué ocurriría si el mundo estuviera amenazado por orcos, si necesitáramos de la destrucción de un solo objeto de poder para librarnos de esta amenaza? ¿Qué pasaría si pudiéramos aprender magia en un colegio, igual que aprendemos matemáticas o literatura? Y, hablando de eso, ¿qué pasaría si existiera la magia? ¿Qué leyes físicas y emocionales quebrantaríamos?

En Lectores aéreos cada relato realiza una pregunta:
—¿Qué ocurriría si viajaras en una nave espacial llena de criaturas mitológicas? (Pero tienes un trabajo de lo más mundano, como limpiar jaulas o barrer pasillos).
—¿Qué ocurriría si descubrieses que tienes la posibilidad de inspirar a otros para convertirse en grandes artistas? (Pero tú, a la vez, no tienes ningún talento reseñable).
—¿Qué pasaría si la realidad se modificara a tu alrededor muy poco a poco, hasta el punto de hacerse irreconocible?
—¿Y si tu amante y tú vivierais en líneas de tiempo diferentes?
—¿Y si tu casa tuviera vida propia? ¿Y si tomase decisiones no acordes con las tuyas?
—¿Qué ocurriría si pudieras escuchar los pensamientos de los demás? (Y no solo los buenos, los positivos, los amables).
—¿Y si pudieras reunir a toda la Londres victoriana para averiguar la identidad de Jack el Destripador?
—¿Y si tuvieras una adicción terrible, una adicción que te atormentara, a pesar de haber encontrado una vida nueva, un trabajo nuevo y al amor de tu vida?
—¿Y si tu vida entera estuviera marcada por una profecía? ¿Y si supieras cuándo te enamorarías, cuándo morirías? (Pero no cómo).
—¿Y si existiera un sistema legal que nos castigara por delitos cometidos en nuestras vidas pasadas?
—¿Y qué pasaría si parieras un delfín?»


La opinión de JAP Vidal :

Justo antes de terminar el libro, la escritora pide a sus lectores lo siguiente : «Entre todos podemos hacer que esta antología no se pierda en el triste agujero de los libros leídos y olvidados». Pues querida autora, por mí no será. De hecho, me declaro en rebeldía contra aquellos que consideran los relatos cortos como un subgénero menor de la literatura. Citando a JAP Vidal, es decir, a mí mismo :  «Un relato corto puede ser tan poderoso en la mente del lector como aquel sueño que se convierte en recuerdo y que permanecerá en la memoria hasta el fin de los días«.

Cuando «abrí» por primera vez el libro de “Lectores aéreos” en mi e-book, no hacía mucho que acababa de leer “El hombre ilustrado” de Ray Bradbury. Me es imposible no caer en la tentación de compararlos, perdonadme la libertad. Me parecieron almas gemelas, dos libros de relatos que hablan de futuro, de ciencia ficción, de Humanidad, aunque con una distancia entre ambos de unos sesenta años. Ambos libros me parecieron muy buenos, me marcaron con algunas de sus historias que se han quedado grabadas en mi cerebro a fuego. Si algún día tengo la posibilidad de hablar tranquilamente con Gabriella Campbell, me gustaría preguntarle si el libro de Ray Bradbury le fue de inspiración o la coincidencia entre ambos libros es fruto de mi delirio (todo puede ser).

Gabriella es una escritora que me apasiona desde que la conocí, no solo por sus historias sino también por su  blog “Gabriella Literaria” (una herramienta pedagógica de gran valor para cualquier escritor en ciernes y con la que de paso te partes la caja de risa). Tengo muchísimas ganas de poder comenzar a leer su trilogía “Crónicas del fin”, que escribe con José Antonio Cotrina y de la cual espero haceros una reseña «on my way» después del verano, si esta sección sigue existiendo, claro. 

Pero venga, centrémonos en “Lectores aéreos”, un libro con quince relatos algunos muy buenos, otros excepcionales. Bueno, vale, puede haber alguno que quizás a vosotros no os parezca ni muy bueno ni excepcional, pero eso ya es a gusto del consumidor. Sí os puedo asegurar que la gran mayoría de ellos tienen detalles sorprendentes, de esos que con el tiempo os regresarán a la memoria porque habéis leído una noticia, visto una película o escuchado una canción que os lo recuerde.

Al ser un libro de relatos, tengo que poner voz a las siguientes preguntas que quizás os hagáis:

– ¿Cuál es mi relato preferido?   Os tengo que confesar que son media docena : “Musa”, ”Paredes como gargantas”, “El extraordinario caso de Emil von Trope y Jack el Destripador”, “Historia de un plagio”, “Lo inevitable” y por último “ Y diente por diente”.  No puedo resaltar ninguno de estos seis por encima de los otros.
– ¿El relato que menos me ha gustado?  Obviamente es uno de los otros nueve que quedan. No os lo voy a decir para no sugestionaros. Leedlo y sacad vuestras propias conclusiones.
– ¿Realmente vale la pena? Os voy a contestar con la siguiente confesión (y no es broma): Me decidí a realizar esta sección de reseñas teniendo en todo momento en mente hablar maravillas de este libro y de su autora.

Así que ya sabéis, si os gusta la fantasía oscura no os preocupéis por si son relatos cortos o una novela, simplemente es Gabriella Campbell, sí, vale la pena.

Podéis comprarlo en Amazon.

O podéis comprarlo en Lektu.

 

Publicado en: Lecturas Etiquetado como: Castellano, Fantasía Oscura, Gabriella Campbell, Reseñas

La lista del dragón

19 junio, 2017 by JAP Vidal 12 comentarios

 

La historia que os explicaré comienza en el “Bar Colombia” de Sant Andreu, un veintidós de abril, con una voz rota como la de Tom Waits susurrando a mis espaldas.

– Hola, escritor.

Sobre mi hombro derecho sentí una presión aguda que se clavaba en mi carne a través de la ropa. Me costó un segundo darme cuenta de que se trataba de unas uñas muy afiladas.

– ¿Quién demonios…? – pregunté, confuso, al invisible dueño de aquellos dedos.
– Ulises, ¿verdad? Supongo que se trata de un seudónimo, ¿no?
– Sí, así es. Pero ¿quién es usted?
– ¿Yo? Alguien que te quiere ayudar.

Rodeó la mesa y aquella voz rajada por el Bourbon se convirtió en un joven bajo y escuálido, de cabeza rapada, aros en ambas orejas y barba incipiente. Aquel chico no llegaría a los veinte años pero su voz le triplicaba la edad.

– No te dejes engañar por las apariencias. Si mi rostro reflejase mi edad no tendría suficiente piel para tantas arrugas.
– ¿Quién eres?
– Es verdad, es la tercera vez que me lo preguntas, discúlpame. Mi nombre es…digamos que Fafnir. Los dragones también utilizamos seudónimo.

Sí, sé lo que estaréis pensando, en ese momento tendría que haberme levantado, pagar la cuenta en la barra y salir pitando del Colombia como alma que persigue el Diablo. Pero Albert acababa de servirme el café y todavía quemaba. No pensaba irme sin tomármelo, aunque para ello tuviera que escuchar las chorradas de un tarado. Sin embargo, si hubiese sabido lo que iba a ocurrir después, seguramente habría actuado de forma diferente.

– ¿Y las escamas? ¿Y las alas? – me mofé de él.
– Sería mejor que no te burlases de mí. Al menos hasta que no te haya contado la historia que quiero explicarte.
– Mira, perdona, no tengo mucho tiempo. Tengo que ir al “Sant Andreu Teatre”, que tengo una reunión.
– Sí, sé que vas a ofrecerles un texto para una obra.
– ¿Cómo…?

Me hizo un gesto con la palma de la mano para pedirme que callara. A continuación levantó el brazo con el dedo índice en alto. El subconsciente, o quizás el miedo, me hizo imaginarme aquella sucia y larga uña como una garra monstruosa. “¡Albert, por favor, otro carajillo de bourbon con hielo!”. La voz de aquel Tom Waits de aspecto juvenil retumbó en el local casi vacío. Volvió a bajar el brazo y me observó de nuevo, con una sonrisa en su rostro, dándome así permiso para terminar de formular mi pregunta.

– ¿Cómo sabes eso?
– También sé que endulzarán tus oídos con palabras de ánimo pero que al final rechazarán tu trabajo.
– No puede ser, ellos…
– Lo es, Ulises, lo es.

El camarero del “Colombia” trajo un tazón lleno de café y bourbon, y con mucho hielo. Muchísimo hielo, para ser exactos. Luego echó una mirada a mi taza aún llena y se volvió a su burladero detrás de la barra. Estoy seguro de que Albert ya conocía a su cliente, no es normal servir un café de esa manera. De hecho, el «Colombia» es un local perfecto para que el Diablo se tome allí un descanso de vez en cuando.

– En serio, ¿quién eres?
– Ya te lo he dicho. Soy Fafnir, el dragón.
– ¿Y qué haces aquí?
– Vengo a hacer un trato contigo.
– ¿Por qué?
– Porque será bueno para los dos.
– No entra en mis planes hacer tratos con dragones, tampoco con tarados que creen serlo.
– ¿Ni siquiera aunque te ayude a alcanzar tus sueños?
– ¿Qué sabes tú de mis sueños?
– Sé todo sobre tus sueños y tus pesadillas. Sé las cosas que no te dejan dormir, tus miedos, tus angustias, tus fobias. También conozco tus deseos, incluso los más oscuros y obscenos. Yo puedo hacer de ti el Ulises que sueñas.
– ¿Cómo?

Fafnir, o como demonios se llamara, agarró entre sus largas uñas el tazón repleto de cubitos aún sólidos. En el momento que sus labios se posaron sobre la porcelana, del interior del recipiente escapó una nube de vapor. Posó de nuevo el tazón en la mesa y observé que los cubitos se habían derretido por completo.

– Si no fuera por el hielo, no podría probar el café, se volatizaría antes de llegar a mi lengua. Es una putada tener un cuerpo tan…fogoso. Me encanta el café, también el bourbon.

Cada vez estaba más seguro de que aquel no era un joven normal. Loco o dragón, no era normal.

– Mira, te contaré una historia.
– No tengo tiempo para historias. Tengo que…
– Sí, sí, tu guión, lo sé. No te preocupes, te van a tener media hora esperando. Tu interlocutor aún está en pijama dando vueltas por su casa. ¿Quieres escucharme?
– Adelante. Pero espero que seas breve.
– Supongo que habrás oído la historia de un caballero que venció a un dragón y salvó a una princesa de ser devorada, ¿no?
– Sí, claro. Es la leyenda de San Jorge.
– A ver, la historia no fue exactamente como te la contaron. Bueno, sí, pero con ciertos matices. El caballero era un hombre ambicioso que habría vendido su alma al Diablo para convertirse en rey. Afortunadamente para él, yo pasaba por allí. Sólo tuve que cruzar mi mirada con la suya un segundo para comprender lo que aquel hombre sería capaz de hacer por alcanzar su sueño. Me acerqué a él en una taberna donde vendían vino, cerveza y mujerzuelas, todo muy barato. Él era asiduo a ese antro. Le susurré al oído las palabras que él quería oír y aquella misma noche trazamos un plan para conquistar un reino cercano.
– ¿Me vas a decir que tú ayudaste a San Jorge a matar el dragón?
– No, aunque podría haberlo hecho pues solo yo puedo acabar con mi vida. Lo que te voy a contar es cómo ayudé a San Jorge a convertirse en rey.
– ¿Qué?
– No me interrumpas. El plan consistía en hacer desaparecer doncellas mientras se lanzaba el rumor de que se había visto un dragón volando cerca de la ciudad. Por supuesto, yo dejaba algunas pruebas, como restos quemados cerca de los lugares donde las doncellas habían desaparecido. Los soldados y las patrullas de voluntarios buscaban un animal fantástico, sin darse cuenta de que el culpable caminaba entre ellos, por las mismas sucias calles. Después de un par de meses y nueve chicas desaparecidas, le tocó el turno a la hija del rey. No me fue fácil llegar hasta ella pero con oro todo es posible en este mundo de avariciosos. Para hacerlo más dramático, provoqué un incendio que quemó gran parte de las dependencias del castillo real. Pude salir con la princesa al hombro gracias a mi instinto para descubrir vías de escape, y también a mi fuerza. Al día siguiente se presentó en la ciudad mi compañero con su armadura bien lustrosa sobre su corcel blanco. Le ofreció su ayuda al rey a cambio de la mano de la princesa y este, desesperado, aceptó el trato ¿Qué no haría un padre por su hija? Sin perder más tiempo, el tal Jorge, que por cierto, también era un seudónimo, partió a la búsqueda del dragón y la princesa. No le costó mucho encontrarnos porque, de hecho, él y yo habíamos estado ocultándonos allí todo el tiempo. De las chicas desaparecidas solo quedaban los huesos y las ropas medio calcinadas. Mi amigo no paraba de quejarse del olor a carne quemada. Siempre me ha fascinado la capacidad del ser humano para negar su naturaleza mezquina y evitar culpabilizarse de sus actos. A la princesa la teníamos escondida, completamente aislada, en otra parte de la cueva, con ojos, orejas y boca tapados, para que no se enterara de nada. Yo llevaba ya varios días recogiendo rosas, en un valle al otro lado de las montañas. Cuando llegó el compañero, esparcimos las flores por el supuesto lecho del dragón. No podía hacerlo antes porque la princesa podría haber sospechado algo al llegar a sus narices un aroma tan distinto a la carne asada. Mientras yo escapaba de la cueva, el supuesto caballero liberaba a la princesa, la subía a su blanco corcel y la devolvía con su padre. El resto ya es tal como cuenta la leyenda: el caballero fue aclamado al regresar con la princesa ilesa, los soldados encontraron en la cueva del dragón cientos de rosas y los muy imbéciles creyeron que era la sangre del monstruo; finalmente el caballero se casó con la princesa. Lo que no explica la leyenda es lo poco que duró vivo el rey tras la boda de su hija. Pero eso ya fue cosa de mi amigo.
– Es una historia muy interesante pero hay algo que no me has dicho.
– Supongo que te preguntas qué ganaba yo con todo aquello.
– Sí, y me imagino la respuesta.
– Te equivocas. Piensas que lo hice con un objetivo. No sabes nada de dragones.
– ¿Qué he de saber?
– Que lo tengo todo, lo único que echo de menos es la diversión. No tengo la capacidad de amar, ni sentido del humor, ni siquiera puedo empatizar. Lo que hace mi eternidad más soportable es jugar con los humanos.
– ¿Aunque para entronizar un rey tengas que matar inocentes?
– No sé si eres tonto o te lo haces. ¿Cómo crees que llegan los reyes al poder? ¿Piensas que a los poderosos les importan los inocentes? Sus manos están manchadas de sangre aunque no hayan matado con ellas. Aquel rey, por ejemplo, le propuso a mi amigo que negociara conmigo, me ofrecía cien jóvenes plebeyas a cambio de su hija.
– ¿Y las que tú mataste?
– ¡No eran más que ganado! – Fafnir torció la boca para mostrar con ese gesto su desprecio hacia ellas -. Al final, todos vosotros tenéis qué morir, es cuestión de tiempo ¿Qué importa antes o después?
– Pero tenían una vida por delante.
– ¿Una vida? ¿Te refieres a una vida de miseria, esclavitud y desesperación? Créeme, seguramente les hice un favor.
– ¿Cuántos? ¿Cuántas has matado en tu vida?

Mientras pensaba la respuesta, Fafnir miraba con aire distraído el fondo de su tazón humeante y ya vacío.

– ¿Y qué importa? Un sabio inglés dijo una vez que no existe lo bueno o lo malo, es el pensamiento humano el que lo hace parecer así. Yo no soy humano, para mi simplemente es un juego. En un mundo de lobos y corderos yo soy el lobo, pero también lo son aquellos con los que negocio, personajes importantes de tu sociedad que no se manchan las manos pero son tan asesinos como yo.

– ¿Y qué quieres de mi?
– Quiero proponerte un juego.

De nuevo quise levantarme de la silla y huir corriendo sin ni siquiera pararme a pagar mi consumición. Pero mis pies eran incapaces de moverse. La curiosidad me ataba a la silla, necesitaba escuchar su oferta. El chico de la voz rota sonrió.

– Dijo otro sabio castellano que la senda de la virtud es muy estrecha y el camino del vicio, ancho y espacioso.
– Seguro que conociste a ese sabio, y también al otro.
– Puedes apostar. Tú podrías ser como ellos, sólo tienes que decir SÍ.
– Y si acepto, ¿cuántos morirían?
– Mi número favorito es el nueve.
– ¿Nueve? – exclamé en voz baja.
– ¡Vamos, no es para tanto! A ver, imagino que no te costará recitar una lista de personas que no te importaría que desaparecieran. ¿Tengo razón?
– ¡Ni hablar! No pienso entrar en un juego tan macabro.

La sonrisa del chico se truncó, ahora me miraba con el desprecio que el lobo dedicaría a un cordero. Por un momento, un milisegundo, me dio la sensación de que sus ojos se llenaban de un amarillo reptiliano  y sus pupilas se volvían dos rendijas horizontales negras. Solo un milisegundo, pero bastó para erizar hasta el último pelo de mi nuca.

– No seas necio. Si no eres tú será otro el que se lleve la gloria. Solo cambiarán las víctimas. O las eliges tú o las elige otro. ¿Qué prefieres?
– ¿Y qué me darás?
– Lo que quieras.
– ¿Me lo juras?
– ¿Te fías de mi palabra?
– Ni siquiera estoy seguro de que seas lo que tú dices.
– ¡Ven aquí! – gritó.
Un cliente que se sentaba junto a la ventana en el fondo del bar y que leía tranquilamente un diario, se levantó de inmediato y se acercó a nosotros. Se detuvo delante de Fafnir, esperando.

– Vete del bar, pero antes paga a Albert tu cuenta y la nuestra. ¡Ah!, cuando salgas, camina de espaldas cien pasos y a continuación despertarás sin recordar nada de lo que te ha sucedido esta tarde.
– Sí, señor.

El hombre hizo exactamente lo que le dijo el dragón, por lo menos hasta que lo perdimos de vista. A través del cristal del bar lo vimos alejarse, caminando de espaldas por el medio de la rambla de Fabra i Puig. La gente no le hacía ni caso, los locos ya no llaman la atención.

– Podía ser un amigo tuyo – le dije.
– Lo hipnoticé nada más llegar al local, igual que a Albert, el camarero.
– ¿Y por qué no me hipnotizas a mí y consigues lo que quieres sin tener que discutir conmigo?
– Porque no sería divertido.

Me miraba fijamente con sus ojos humanos, verdes. De los ojos de reptil ya no quedaba ni rastro. Sin embargo, sabía que no lo había imaginado.

– ¿Qué es sagrado para un dragón? – pregunté.
– Su nombre. El verdadero. Tú dame nueve víctimas y el mundo será tuyo.
– Déjame pensarlo.
– Esta noche.
. ¿Dónde?
– No te preocupes. Esta noche quiero la lista.

Y la noche llegó. Cuando salí del bar me fui directo a casa. No podía, ni quería, ir al teatro a hablar del futuro, ¿para qué? Mi porvenir iba a ser oscuro hiciera lo que hiciera. Tenía que pensar a pesar de estar aterrorizado. No podía decidir la muerte de nueve personas, pero, si no lo hacía yo, lo haría otro desgraciado, quizás con peores intenciones. ¿Peores intenciones? ¡Dios mío! ¡Estaba decidiendo si matar a nueve personas y aún así pensaba que podía haber peores intenciones que las mías! ¡Cómo si yo fuera inocente! Pensé y pensé. Y al final tomé una decisión.

La madrugada ya estaba madura cuando sentí su presencia. Abrí los ojos y cuando estos se adaptaron a la oscuridad lo vi de pie, al lado de la puerta de mi habitación.

– ¿Y bien?
– Apunta.

Recité los nombres de indeseables compañeros de trabajo, de vecinos despreciables, incluso de algunos supuestos amigos de la familia que no daban más que problemas. También hubo hueco para recordar algún bastardo que me las hizo pasar putas en la escuela. La lista se llenó y aún se quedó corta. Es ponerse a escarbar en la suciedad y no poder parar. Casi estuve a punto de rogarle a Fafnir que me permitiera añadir algún nombre, casi. Me contuve al darme cuenta de lo que estaba haciendo, firmar sentencias de muerte.

– Júrame por tu verdadero nombre que cuando acabes me concederás lo que quiera.

El dragón juró y se marchó con mi lista negra. Salió por la ventana pero no me preocupé en observar si se iba volando o se volatilizaba en la noche, o vete a saber qué otro método utilizaría. Solo me quedaba esperar. Ya no regresé al «Colombia», de hecho, desde aquella fatídica tarde me recluía cada día en mi casa nada más salir del trabajo, a esperar. A través de la televisión y de internet pude ir tachando los nombres que yo mismo había escrito. Cada vez que leía o escuchaba la noticia de una nueva muerte me recordaba a mí mismo que el objetivo final bien lo merecía. Esperaba que el fin justificase los medios.

Unas cuantas noches después, Fafnir regresó a mi habitación. “Ya está”, dijo. Los ojos del chico dragón de la voz rota aún flameaban de excitación, adiviné que el último de los cadáveres aún estaría caliente.

– Tu lista me ha proporcionado un gran placer.
– Permíteme que no me alegre de ello.
– ¡Vamos, si todos los que me apuntaste eran miserables que se lo merecían!
– Nadie merece ser asesinado.
– No eran más que carne. Solo he acelerado su putrefacción.
– Eran personas.
– ¿Y qué más da lo que fueran? Gracias a ellos, ahora podrás pedirme lo que desees.
– ¿Cualquier cosa?
– ¿Ya lo tienes pensado?
– Sí.
– Piénsalo bien, solo tienes un deseo.
– Lo decidí mientras te hacía la lista de las nueve víctimas.
– ¿Y bien?
– ¿Me concederás lo que te pida?
– Así es, lo juré por mi nombre. ¿Qué deseas?
– Quiero que te destruyas ahora mismo.

 

Publicado en: Castellano, Relatos Etiquetado como: Castellano, Cervantes, Fantasía Oscura, Ficción, Leyenda, Relato, Sant Jordi, Shakespeare

Un hotel en ninguna parte – Mónica Gutiérrez

15 junio, 2017 by JAP Vidal 4 comentarios

Título : Un hotel en ninguna parte.
Autor : Mónica Gutiérrez Artero
Año : 2014
Volúmen : 252 páginas.
Género : Feel-Good.
Idiomas disponibles : Castellano.

Sinopsis de la novela : 

«Cuando Emma Voltarás acepta trabajar ese invierno en El Bosc de les Fades, un excéntrico hotel emplazado en el corazón de un bosque, poco puede imaginar que va a resultar ser la mejor de las segundas oportunidades que a veces concede la vida. Sumida en el tiempo fuera de descuento de El Bosc de les Fades, Emma descubrirá que la amistad y la esperanza pueden encontrarse en cualquier lugar, por muy escondido que esté. Quizás de la mano de una camarera de habitaciones hada madrina. O de una niña extraordinaria. O de un viejo escritor necesitado de ternura. O de un cocinero que le abrirá las puertas de los escenarios. O de un surfero que se hace mayor a su pesar. O de una jardinera susceptible, preocupada por sus violetas. O, quizás, de la mano de un hombre huraño y maravilloso, capaz de devolverle la ilusión de bailar sobre zapatos de cristal entre las flores de un jardín encantado.

No importa que el lugar en donde estés no aparezca en un GPS: cuando el amor viene a por ti, te encuentra.

Sin mapas.
Sin prisas.
Sin condiciones.
Ven a perderte en El Bosc de les Fades.»

 

La opinión de JAP Vidal :

En el barrio de mi vida, Sant Andreu, hay un local fantástico llamado “Several Cafè”, donde puedes tomarte un buen café, un chocolate calentito o un licuado detox bien fresquito, según te venga a gusto dependiendo de la época del año, tus preferencias o, simplemente, por cómo te haya ido el día y qué te pide el cuerpo. Os preguntaréis qué tiene que ver esto con una reseña literaria. Bueno, en mi caso me va perfecto para matar dos pájaros de un tiro, porque por un lado os menciono uno de mis locales favoritos de mi querido Sant Andreu, y por otro, estas tres bebidas me sirven para etiquetar las tres obras publicadas hasta el momento por Mónica Gutiérrez.
Comenzó Mónica invitándonos a un café intenso y aromático en la cafetería Sinaola, en el pueblecito rumano de Mic-Napoca, en su novela de debut, “Cuéntame una noctalia”. En su tercera novela, «El noviembre de Kate», la autora nos invitó a tomarnos un chocolate espeso y humeante, acompañado de un calorífico y delicioso bizcocho casero, en la cálida casa de Norman, en pleno noviembre glacial para Kate.
Pero si lo que te va son las bebidas refrescantes y sanas, es sin duda  “Un hotel en ninguna parte”, la segunda novela de Mónica, la que te seducirá en cuanto comiences a leerla. Un licuado detox de remolacha, naranja, zanahoria y manzana que depurará tu mente de malos rollos. Porque las mentes retorcidas y siniestras también necesitamos un  descanso de vez en cuando, un trago de optimismo que nos obligue a dudar de nuestras afirmaciones apocalípticas.

Lo primero que me llamó la atención de «Un hotel en ninguna parte» fue que se trataba de una novela epistolar, como Drácula, pero sin malos malísimos, a excepción de algún escritor arrogante y forrado de dinero (como espero ser yo en mi vejez) que vive en el hotel todo el año. Toda la novela es una sucesión de correos electrónicos escritos por los principales personajes de la historia: una chica que quiere comenzar de cero en un hotel perdido, un joven serio y responsable y su hermano surfero, golfo y seductor. Los que la hayan leído me abuchearán por lo que voy a decir, pero en mi subconsciente me imaginé a cada uno, respectivamente, como René Zellweger, Collin Firth y Hugh Grant en “El diario de Bridget Jones”. Lo siento si a alguien le ha dolido la comparación. El caso es que el libro trata del peculiar día a día que se vive en un hotel al que no se llega con GPS, en medio de un bosque cercano a la costa catalana, de las personas que viven allí durante todo el año aunque casi todo el tiempo solo haya un huésped con problemas de ego y algún fantasma que ronda a su antojo, pero de buen rollo.  También hay una historia de amor, claro, y una canción trash-metal tocada a violín.

No os voy a explicar más porque lo importante no es el argumento, si no vivir la experiencia. Os animo a hospedaros en “El bosc de les fades” (el bosque de las hadas) y disfrutéis de sus personajes. Es una lectura perfecta para el verano (aunque empiece en pleno febrero no os preocupéis, ya veréis como al final llega el buen tiempo).

 

Enlace de “Un hotel en ninguna parte” en Amazon (ebook y tapa blanda).

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El hombre eterno

12 junio, 2017 by JAP Vidal 2 comentarios

Principios de junio del año 2162

Sigo el curso del río a contracorriente, subiendo por la cordillera pirenaica en busca de aquel enclave secreto que ya consiguiera encontrar diez años antes. Prometí volver. La primera vez buscaba un sueño y solo encontré una pesadilla. Recuerdo, como si fuera hoy, el sufrimiento, la ilusión, el dolor y la esperanza…

 

…Agosto del año 2152

“Conocí un hombre que halló el secreto de la inmortalidad”. Eso me dijo mi padre en su lecho de muerte. Selló sus labios con una exhortación final: “Búscalo allá donde nace el río de plata, más allá de la cueva del Oso, tú ya sabes dónde, ¿verdad?”. Con esa pregunta exhaló su última bocanada de vida. No le contesté, no valía la pena, no me iba a oír y además, él sabía perfectamente que yo entendería las indicaciones.
Tardé una semana en ponerme en camino. Tuve que dejar atado el testamento del viejo, pedir un par de meses de excedencia y decirle a mi esposa que no me esperase para cenar durante una buena temporada. A nadie le dije donde iba. A nadie podía confiarle el secreto de mi padre. ¿Qué sería de la humanidad si de un día para otro se supiese que hay un tipo en los Pirineos que vive eternamente? Podría estallar la Cuarta Guerra Mundial. Con la tercera ya fue un milagro que no nos extinguiéramos. No, debía ir yo solo, pero en esos momentos no sabía que en vez de un don me iba a encontrar con una maldición.
No me atreví a viajar en el coche volador, el GPS delataría mi posición en todo momento a ojos indiscretos. No podía dejar pistas. Aparqué el vehículo en un valle y caminé durante días siguiendo las instrucciones de mi difunto padre, alcanzando el nacimiento del río de plata, después llegando hasta la cueva del Oso, ambos nombres inventados entre padre e hijo en las excursiones que marcaron mi infancia. Sin embargo, a partir de la cueva no supe a dónde ir, estaba confuso con lo de “más allá de la cueva del Oso”. Subí hasta la cima del monte, nada, bajé de nuevo y avancé por el bosque durante varios días hasta que me di cuenta de mi error. Debía introducirme en la cueva y buscar un pasadizo interno que me llevara al interior de la montaña. Encontré un punto de la cueva que daba paso a un estrecho pasadizo, casi imperceptible. El pasadizo se ensanchaba después de un kilómetro de arduo camino. El camino continuaba durante un par de días por el interior de la montaña hasta llegar a un pequeño claro que recogía la luz que se filtraba desde la cima del monte. Allí había una cabaña de madera. El lugar era fantástico, tenía agua proveniente de manantiales subterráneos, luz del sol y también fosforescente de los minerales de las rocas, una temperatura siempre estable y fresca, como en una bodega. Alguien había hecho un gran huerto donde había plantado una gran variedad de verduras y frutas.
Grité varias veces si había alguien allí y un anciano salió de la cabaña. Tenía millones de arrugas pero no parecía tener problemas de salud. No me dijo nada, me miró con curiosidad pero sin mostrar alegría, enojo o miedo. Simplemente curiosidad.

– ¿Es usted el señor Cañete?
– ¿Quién lo pregunta?
– Soy el nieto de un amigo suyo. JAP Vidal, ¿lo recuerda?
– Creo que sí ¡Hace tanto tiempo!
– Mi padre me confesó antes de morir que usted guardaba el secreto de la vida eterna.

El hombre, ahora sí, cambió su gesto a algo parecido al miedo.

– Hijo, ese secreto es el fruto de una maldición.
– ¿Tan malo es vivir eternamente?
– Acompáñame.

Seguí al viejo dentro de la cabaña. La estancia era muy sencilla, pero acogedora. Solo había una foto, me sorprendió verla allí. El anciano siguió mi mirada y sonrió, aunque era una sonrisa amarga como el vinagre.

– Ese era el equipo de la temporada dos mil catorce, dos mil quince. Hace mucho de eso, pero aún recuerdo como jugaban.
– ¿Qué es?
– Fútbol.
– ¿Y los cascos, las rodilleras?
– No, este era fútbol de verdad, el que se juega solo con los pies, el europeo.
– ¡Es verdad! – dije con alegría al recordar – Era el que estaba de moda en la primera mitad del siglo pasado. ¿Qué equipo era ese?
– El Barça. El mejor Barça de la historia. Ganó nueve copas en tres años. En aquel equipo jugaban juntos los mejores delanteros del mundo.
– ¿Y qué pasó?
– ¿Qué pasó? Pues que los aniquilaron.
– ¿Cómo? – pregunté horrorizado
– Con el poder del dinero.
– ¿Y cómo es que el único cuadro que tiene usted aquí es ese? ¿No tenía familia?
– La tuve, pero mi gran amor era el Barça y por su culpa arrastro esta maldición.
– ¿Se refiere a la vida eterna?
– Sí.
– No lo entiendo.
– Fue el…

 

…3 de Junio del 2017

El árbitro pitó el final del partido y los jugadores del Madrid se abrazaron mientras sus contrincantes caían, hundidos, sobre el césped del terreno de juego. El Real Madrid acababa de ganar su duodécima copa de Europa. Yo estaba destrozado. Los mensajes no paraban de llegar a mi móvil, merengues que deseaban pasarme por la cara su gran éxito. Fue en ese momento, cuando cerré los puños con tal fuerza que hundí mis uñas en las palmas de mis manos, haciendo que de ellas manaran hilillos de sangre. Sin pensarlo, con todo el anhelo de mi alma hice un juramento que me ha marcado para siempre.

 

Agosto del 2152

– ¿Qué juró?
– ¿Qué juré? ¿Ni siquiera quieres jugar a adivinarlo?
– No, no lo sé. No tengo ni idea.
– Como se nota que no has vivido esa rivalidad.
– ¿Qué rivalidad?
– Barça-Madrid.
– Algo he oído.
– Era la gran guerra del siglo XXI. Una guerra sin cañones pero tan cruenta como si las bombas estallaran en medio de la población civil. Hasta que llegó la gran guerra atómica, claro.
– ¿Y qué juró?
– ¡Ah, sí! Pues…juré que no moriría hasta ver al Barça ganar más  copas de Europa que el Madrid.
– ¿Cómo?
– Que juré que no moriría hasta que el Barça superase al Madrid. Y aquí sigo, ya sin ninguna esperanza de conseguirlo. Durante años aguanté pero al final, tras la “Tercera Guerra Mundial”, la copa de Europa desapareció y me quedé atrapado en mi maldición.
– ¿Quiere decir que el secreto de su vida eterna es un juramento tan estúpido?
– ¿Estúpido? ¿A algo tan sagrado le llamas estúpido? ¡Vete de aquí, ignorante! ¡Y no vuelvas a menos que tengas algo importante que decirme!

El viejo me sacó casi a patadas de su cabaña y yo, indignado con él, dejé aquel lugar sin querer mirar hacia atrás. Me sentí estafado. Volví a mi casa y durante un tiempo retomé mi vida normal sin volver a pensar en el tema. Sin embargo, hace poco, a…

 

…Principios de junio del año 2162

– ¿Hola?

Espero un poco hasta que el viejo sale de la cabaña. Juraría que su rostro aún tiene más arrugas que la anterior vez que le vi. Parece imposible pero así es. Sin embargo, se mueve con la misma facilidad que entonces. Como hiciera aquella vez, me mira sin ninguna emoción. Pero en sus ojos observo que se acuerda de mí.

– ¿Por qué has vuelto?
– Tengo novedades del mundo exterior.
– Explícate, ya.
– Cuanta prisa para alguien que tiene todo el tiempo del mundo.
– Los viejos somos por naturaleza impacientes. Vamos, no me hagas perder tiempo.
– Alguien rebuscó en los archivos históricos deportivos y descubrió ciertas irregularidades en los torneos de Copa de Europa.
– ¡No me digas que…!
– Sí, le han quitado al Madrid tantas copas de Europa que ahora el Barça ya le supera en el palmarés.
– ¡Lo sabía, lo sabía! ¡Se ha hecho justicia!
– Ya puedes dormir tranquilo, viejo.
– Muchas gracias por avisarme. Me has dado una gran alegría. ¡Por fin se hizo justicia!

El anciano se estira en su catre con una gran sonrisa dibujada en su rostro, no tarda en dormirse. Un poco más tarde, el sueño tranquilo se convierte finalmente, con un siglo de retraso, en sueño eterno. Ya debe estar hablando con Caronte, espero que el barquero no sepa de fútbol y no le diga nada, al menos hasta que haya cruzado la laguna Estigia y ya no haya vuelta atrás. Os preguntaréis por qué lo he hecho. No, no hay problema, os lo puedo explicar. Primero, por humanidad, no podía dejar a ese hombre sufrir eternamente. Segundo, por la ciencia, necesitaba confirmar que una longevidad tan extraordinaria se debía a una obsesión enfermiza del sujeto. Y ¿qué cojones? ¿Acaso a vosotros no os parece injusto que un tipo pueda vivir el doble que vosotros solo porque ha hecho un juramento tan estúpido? ¡Es un insulto a la evolución humana!

Publicado en: Castellano, Relatos Etiquetado como: Castellano, Comedia, Fantasia, Futbol

Siete libros para Eva – Roberto Martínez Guzmán

7 junio, 2017 by JAP Vidal 2 comentarios


Título
: Siete libros para Eva.

Autor : Roberto Martínez Guzmán
Año : 2016
Volúmen : 392 páginas.
Género : Novela negra.
Idiomas disponibles : Castellano.


Sinopsis de la novela
: 

«Cuando en una calurosa noche del verano de 1999, la joven Eva aparece en una gasolinera, malherida y ensangrentada, todo el mundo se sorprende de que siga con vida.
Había desaparecido dos semanas antes, tras pasar la noche con un compañero de universidad, y desde el primer momento todas las pistas apuntaban a un crimen pasional.
Dos tensas semanas de ausencia, en las que se pondrá de manifiesto lo mejor y lo peor de cada persona relacionada con el caso.»

La opinión de JAP Vidal :

Es el primer libro que leo de este autor y si tuviera que definirlo con una palabra sería la de «precisión».

¿Y en qué me baso para afirmar esto? Pues en los siguientes tres puntos:

  1. En el detalle tan preciso que aplica para describir los diferentes escenarios de Ourense y Santiago de Compostela por donde transcurre la narración.
  2. Por la argumentación tan completa que realiza de los trapicheos políticos en los que está envuelto el ficticio partido político UDO (quizás no tan ficticio).
  3. Por cómo nos introduce en la mente de cada uno de los personajes principales mostrándonos sus virtudes y sus vicios.

«Siete libros para Eva» es un libro que Roberto Martínez Guzmán cuece a fuego lento, sin sobresaltos innecesarios. En él, el autor nos explica la historia del secuestro de la hija del alcalde de un pequeño municipio gallego desde las perspectivas paralelas de varios personajes, descubriéndonos poco a poco sus miedos, deseos y, en algunos casos, oscuras ambiciones. Además de la exactitud en los perfiles de los diferentes personajes, Roberto Martínez Guzmán retrata perfectamente escenarios e incluso explica con ejemplos la corrupción política a nivel municipal.

Un aspecto importante de la novela, sobretodo para el lector sensible, es que en algunos momentos el tono de la narración es de una dureza muy explícita, avisados estáis.     

En definitiva, una novela negra muy atractiva de principio a fin y que os recomiendo encarecidamente. 

Dónde comprarlo :

Enlace de «Siete libros para Eva» en Amazon.

 

 

Publicado en: Lecturas Etiquetado como: Castellano, novela-negra, reseña

El vigilante de noche

1 junio, 2017 by JAP Vidal Deja un comentario

 

 «¿VAMPIROS ENTRE NOSOTROS?»

El titular del artículo llama mi atención. Pero después de un vistazo rápido, me siento decepcionado. Simplemente se trata de una nueva obra de teatro que se estrenará próximamente en el Paralelo.

– ¿Qué miras?

La voz de mi jefe, me pilla por sorpresa y me sobresalto. Está detrás mío, cotilleando mi diario.

– Nada, sólo hay anuncios.
– ¿Y que esperas de un diario gratuito?
– Pues que sea un diario y explique noticias.
– ¡No te quejes tanto y trabaja un poco! Yo me voy a casa.
– Muy bien, nos vemos mañana.
– ¡Qué vaya bien el turno de noche! Adiós.

Y me quedo solo en el garaje. Mi trabajo consiste en vigilar los coches que entran y salen por la noche. Hoy, lunes, casi ninguno. Es un trabajo muy aburrido, a mí ya me va bien así. Me permite leer, estudiar y otras cosas que ahora no vienen a cuento, y nadie me toca las narices por hacerlo. No, nadie me toca las narices, pero tampoco nadie me ayudará en caso de que necesite ayuda. Hasta ahora me ha ido bastante bien pero nunca se sabe qué nos traerá la noche.

El garaje se llena del ruido de unos neumáticos girando sobre el suelo de vinilo. Unos focos me deslumbran. El vehículo se para junto a mi garita, el conductor abre la puerta y sale del coche. Viste casual pero con clase, marcas caras. Es joven, parece recién salido de la universidad y que ya haya ganado su primer millón, con su melena de chico bueno y moderno. El yerno con el que todo padre sueña para su hija, un chico «Tommy Hilfiger» en toda regla.

– ¡Eh, amigo, apárcalo!

El tipo me tira las llaves de su Audi A5 blanco y desaparece por la puerta de salida de peatones. Un llavero con el escudo de un famoso club de fútbol. A veces te encuentras con imbéciles como este, cosas del oficio, no todo iba a ser perfecto. Aparco el coche del niño pijo y me pongo a estudiar, que en un par de días tengo examen.

Pasan un par de horas y se escucha la alarma de un coche. Por los monitores veo que se trata del Audi A5 que permanece aparcado en la planta tres. No hay nadie a su lado. A veces, cuando suena una alarma no hago caso, pero hoy decido ir a ver y así estirar las piernas. Cuando llego no hay nadie y la alarma ya ha dejado de sonar. Doy un vistazo alrededor del coche pero no veo nada extraño. Mientras vuelvo a la garita decido que ya está bien de estudiar y que puedo disfrutar un rato del último capítulo de True Blood en mi tablet.

No han pasado ni cinco minutos y la maldita alarma vuelve a sonar. No quiero ir pero mis instintos  me alertan de una presencia peligrosa. Vuelvo a comprobar el Audi A5 de la planta tres y veo que las puertas ahora están abiertas, la alarma ha vuelto a enmudecer. A alguien le ha dado por fastidiarme la noche. Cierro las puertas después de comprobar que el interior del coche parece intacto. Ahora me tocará volver a la garita a coger las llaves del vehículo y otra vez rehacer el camino para cerrarlo. Si pillo al gracioso… ¿Y dónde están las malditas llaves? No están donde las he dejado, en el tablero de la garita.

– ¿Buscas esto?

Me giro y un tipo vestido de negro se encuentra sentado en mi asiento con las piernas encima de la mesa. Cabellos engominados y negros como su chaqueta de cuero, lleva gafas de sol y me recuerda al cantante de los U2, Bono. Una sonrisa traviesa se dibuja en su rostro mientras me enseña las llaves del Audi. Los dedos de su mano derecha tienen uñas largas y afiladas. Ya no tengo ninguna duda, esta será la noche.

– ¿Qué quieres? ¿Sabes que hay cámaras por todas partes?
– Ya no.
– Aquí no hay dinero.
– Lo sé.
– Y que te llevarás? ¿Un coche? ¿El Audi?
– No.

Se levanta de mi asiento lentamente y se acerca a mi sin quitarme los ojos de encima. Con la mano izquierda, la que no lleva las llaves del coche, me acaricia la mejilla, pasando sus uñas por encima de mi piel. Un pequeño pellizco de dolor, noto una gota de sangre bajar hasta mi cuello.

– Tienes que venir conmigo.

No intento resistirme. Hace tiempo que lo esperaba. Mientras caminamos juntos hacia la salida del garaje, él pasa su brazo por encima de mis hombros.

– ¿Ya sabes donde te llevo?
– Lo imagino.
– ¿Y no te da miedo?
– Sí.
– Eres un valiente.
– ¿Por tener miedo?
– Precisamente por eso y no salir corriendo.

Sigo andando a su lado hasta que cruzamos la puerta de salida de los peatones. Bajo las escaleras hay alguien sentado, con los ojos abiertos pero paralizado.

– ¿Lo conoces?
– Es el capullo del Audi.
– Ya sabes lo que tienes que hacer.

Me acerco despacio. El joven me mira pero no hace ningún movimiento, seguramente está paralizado por el terror o tal vez hipnotizado. Sólo unos gemidos incomprensibles se escapan por su boca. Es una imagen triste, no queda nada en ese hombre que recuerde al joven triunfador y ególatra que apenas unas horas antes me trataba con desprecio. Tengo su cuello a unos centímetros de mi boca, observo como la arteria bombea sangre a destajo, presa del miedo. Me acerco más y más. Huelo su terror. Finalmente, mis colmillos se clavan con fuerza en su yugular. Siento como la carne cede y la sangre empieza a correr libre. La absorbo con las ansias del sediento, hasta la última gota. Cuando acabo, el joven ya no gime, sus ojos permanecen abiertos pero apagados, sin vida. Su corazón ya no late.

– Ahora haz desaparecer a este imbécil, no dejes ninguna prueba. Ellos no pueden saber que existimos.
– De acuerdo.
Ya sabes quién eres. No me des las gracias.

El hombre de negro desaparece con la misma discreción como llegó.

Sí, ahora ya sé quién soy. Descubrí por qué me gusta tanto la noche y por qué no soporto la luz del día, a pesar de que tampoco es dañina para mi. Y tú, cuando tengas que dejar tu coche en un garaje público por la noche, ten cuidado, no te pases de listo. Porque cuando te des cuenta de quién es el vigilante, quizás sea demasiado tarde.

Publicado en: Castellano, Relatos Etiquetado como: Castellano, Ficción, Terror, Vampiros

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