• Saltar a la navegación principal
  • Saltar al contenido principal

JAP Vidal

Relatos fantásticos y de misterio de JAP Vidal

  • Relatos
    • El año de la rata
      • El año de la rata
      • El año de la rata – Héroes
      • El año de la rata – Fe
      • El año de la rata – Amuletos
      • El año de la rata – Perdidos
    • Castellano
      • 2020
        • Y la venganza surgió del mar
        • Las diez patas de Carcinos
        • El vividor
      • 2019
        • La duda de Orfeo
        • Amor multiversal
        • Save our souls
        • El alma amputada
        • Max
        • La variable
      • 2018
        • A través de la ventana
        • Mientras te recuerden
        • La belleza de las estrellas fugaces
        • Enlazados
        • Metamorfosis
        • La Momia
        • El ente sombra
        • Mientras haya un lobo vivo
        • Hermes Wings
        • El evangelio perdido
        • Neska
        • Las marionetas del Poder
        • Derechos de imagen
        • El maldito cuadro maldito
        • Carnival Killers
        • Luz
        • Un mundo ingrato
        • Simpatía por el reo
      • 2017
        • El último hombre bueno
        • La sonrisa de Nahia
        • Mis mejores deseos
        • El pollo
        • El rebaño
        • La maldición de Ramsés
        • Macabro placer
        • No matarás
        • La castañera
        • El invierno ha llegado
        • Llueve sobre mojado
        • TU LIBRO
        • Aplicando la ley proporcionalmente
        • Tú decides
        • El antropófago del Gayxample
        • El cácaro
        • Piel
        • La bala que no oiga llegar
        • En vivo entre muertos
        • Back in Black
        • Ocho horas
        • A puerta fría
        • Inés
        • Noche de difuntos
        • La lista del dragón
        • El hombre eterno
        • El vigilante de noche
        • El clérigo
        • El rincón más oscuro
        • Kaiju, la bestia.
        • Diablo
        • …a hierro muere
    • Català
      • L’evangeli desaparegut
      • La Neska
      • El somriure de la Nahia
      • El ramat
      • Tu decideixes
      • La bala que no senti arribar
      • El vigilant de nit
      • El racó més fosc
      • Kaiju, el monstre
      • …d’espasa té de morir
    • English
      • Kaiju, the monster
      • Evil Tramp
      • …dies by the sword.
  • Lecturas
    • Muerte sin resurrección (Roberto Martínez Guzmán)
    • La arena del reloj – Mayte Esteban
    • 50 palos – Pau Donés
    • Un café a las seis – Pilar Muñoz
    • Leyendas de la Tierra límite : Las Tierras Blancas
    • Un cadáver muy frío – Ana Bolox
    • Lectores aéreos – Gabriella Campbell
    • Un hotel en ninguna parte – Mónica Gutiérrez
    • Siete libros para Eva – Roberto Martínez Guzmán
    • El silbido de la serpiente
  • Bibliografía
    • El autor
    • 50/30 Historias para el camino
    • La librería a la vuelta de la esquina
  • Agradecimientos
  • Política de privacidad

Simpatía por el reo

1 enero, 2018 by JAP Vidal Deja un comentario

Se levanta de su escritorio y se dirige hacia la ventana, intrigado. A través de los barrotes observa el follón que se ha liado en el patio de la prisión. Alguno se ha ayudado de la mano para meter un gol y se ha montado un buen pollo. El preso entonces, desvía su mirada hacia el horizonte, hacia las blancas montañas de la Sierra que contrastan con el cielo azul inmaculado. El mundo sigue girando ahí fuera.

– Los días nacen y mueren cada veinticuatro horas. Y te preguntas ¿Qué sentido tiene el tiempo aquí dentro?

El reo se gira hacia la puerta, sorprendido. Al otro lado de las rejas, agarrando con firmeza los barrotes con ambas manos, se halla un hombre alto, moreno y con barba. Viste pantalón negro y, a pesar del frío que hace, una sencilla camisa blanca de lino, desabotonada hasta el ombligo, que deja a la vista su pecho velludo. 

– Hola Jotacé.
– ¿Te he asustado?
– No te esperaba. ¿Cómo es que no estás en el patio como los demás?
– Ya sabes que yo no soy como los demás. Tu tampoco lo eres.

– Intento pasar desapercibido.
– Pues con esa barriga no lo consigues.
– ¡No me seas…!
– ¡Es broma!
– No creo que estés perdiendo el poco tiempo que tienes de recreo para venir a burlarte de mí.
– Quería animarte un poco.
– Gracias, pero no entiendo como te han dejado pasar los guardas.
– Ni me han visto. Si me hubiesen pillado tampoco habría pasado nada, ya sabes que los tengo comiendo de mi mano.
– Por algo te llaman Rex Captivus, el Rey Cautivo.
– Me he enterado esta mañana que te habían castigado sin patio, como a un niño pequeño.

– Es lo que tiene ser un sedicioso.
– Te voy a confesar una cosa. Hace mucho tiempo, en mi ciudad, a mí también me querían crucificar por sedición.
– ¿A ti?
– Unos hijos de puta muy poderosos me la tenían jurada, y no pararon hasta entrullarme.
– ¿Y cómo te libraste?
– Escapé volando. Les jodí bien a esos mamones.
– Me parece que a mi no me será tan fácil librarme.
– ¿Volando? Difícil, pesas mucho. Lo importante es que no te rindas. Aprieta los machos y verás como se les congela la sonrisa de lerdos a tus enemigos.
– No sé si podré…
– ¡Te digo que has de aguantar, joder! ¡No te vengas abajo!
– ¿Y por qué te importa tanto? Los otros presos me dejaron muy claro que tú nunca te casas con nadie, que estás por encima del bien y del mal en esta prisión.

Jotacé buscó algo en sus pantalones. Sacó una llave con la que abrió la puerta de la celda y se acercó hasta quedar a un metro del rostro del  otro preso, petrificado de la sorpresa.

– Mira compadre, tu causa me importa una mierda, pero te tengo aprecio porque de ti y de otros como tú depende que esta sociedad despierte, abra los ojos y se pregunte qué ha sucedido mientras dormía. Algún día, gracias a gente como tú, los que llevan mucho tiempo aletargados se levantarán contra aquellos que solo encuentran sentido a su vida desde el odio al prójimo. Será entonces cuando los manipuladores serán doblegados. Solo que te pido que no cometas el mismo error que yo.
– ¿Cuál?
– Yo delegué mi causa en otros que al final no supieron defender todo aquello por lo que habíamos luchado juntos. No fueron capaces de evitar que los mismos miserables que quisieron crucificarme se hicieran con la patente de mi mensaje de respeto y amor y lo corrompieran transformándolo en una doctrina de rituales vacíos de significado, mientras que por otro lado promovían la intolerancia, el odio y la hipocresía.
– No entiendo de quién debo cuidarme. ¿De enemigos o también de amigos?
– De unos y otros, pero también del resto, incluso de ti mismo. El Mal está al acecho, dentro de todos nosotros, esperando la más mínima debilidad de nuestra alma para surgir y manipular nuestra voluntad. Sé fuerte, no delegues y sigue siempre la luz de tus principios. ¡Ah! Y una última cosa antes de marchar y no volver a hablar contigo jamás.
– ¿Qué?
– Jódelos vivos porque se lo merecen. Ellos son Legión ¿Te acuerdas? Pero no se te ocurra utilizar el odio para combatirlos, porque esa es su fuerza. Nada de odio, ya sabes.

Jotacé dio la espalda al reo, salió de la celda, cerró la puerta y se guardó la llave. Se dirigió a su celda, silbando por el pasillo una canción de un inglés que tenía una novia japonesa con la que protestaba en América contra la guerra, y que a la puerta de un hotel fue asesinado por un despechado fan suyo, cinco balazos mediante. Su canción hablaba de ilusiones para un mundo mejor, sin países, sin religiones, sin desigualdades. ¡Qué iluso!

Publicado en: Castellano, Relatos Etiquetado como: Castellano, Ficción, Filosofia, Humor, Política

¿Quieres suscribirte a mis relatos?

Interacciones con los lectores

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Copyright © 2026 · Infinity Pro on Genesis Framework · WordPress · Acceder

Utilizamos cookies propias y de terceros para garantizar el funcionamiento de la web, medir su uso y mejorar nuestros servicios. Puede aceptar todas las cookies, rechazar las no necesarias o configurar sus preferencias. Política de cookies

Configurar cookies

Necesarias para que la web funcione correctamente. No se pueden desactivar desde este panel.

Ayudan a medir el uso del sitio y mejorar sus contenidos.

Permiten publicidad, medición de campañas o personalización de anuncios.

Guardan preferencias o permiten contenido externo no necesario.