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JAP Vidal

Relatos fantásticos y de misterio de JAP Vidal

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Social

La Navidad de Sergio

19 diciembre, 2018 by JAP Vidal Deja un comentario

A Sergio siempre le gustó la navidad, es lo que tiene vivirla como un niño año tras año, desde hace cuarenta. Pero este año la navidad será triste. Nadie la va a celebrar con él. Su madre murió hace unos meses y le dejó solo ante la vida. Por primera vez en cuarenta años sintió el miedo de la responsabilidad. 

¿Por qué se ha muerto mi mamá? – preguntó a los médicos 
De cansancio, Sergio. Ya no pudo aguantar más. – le contestaron. 

Esa respuesta cayó como un castigo sobre Sergio. No pudo más que sentirse culpable de la muerte de su madre. Ella lo sacrificó todo por él, nunca pudo volver a tener vida propia desde su nacimiento, desde que le dijeron que su hijo no era normal. Durante años ella luchó por demostrar que su hijo podía llegar a ser normal, que sólo era cuestión de cariño y esfuerzo, vaciándose en su empeño hasta que su corazón ya no pudo más. Mucha gente asistió a su entierro, pero Sergio aquel día se sintió por primera vez solo. 

Desde ese día nada fue lo mismo, él se volvió más solitario, a pesar de que los vecinos se ofrecían a ayudarle. Su madre había querido que él fuese una persona independiente cuando ella no estuviera allí para ayudar. Y lo había conseguido, aunque Sergio dudaba de cada paso que daba. Ya nunca más estaría ella allí para decirle si lo estaba haciendo bien o para corregirle. Tampoco le podría decir si le habían intentado engañar o podía confiar en tal o cual persona. Esa desconfianza es la que le había vuelto más introvertido y únicamente se dejaba ayudar por los dos o tres amigos de su madre, los que siempre habían estado allí para ayudarle. Pero tampoco quería ser una carga para ellos, no quería que por su culpa les ocurriese lo mismo que le había pasado a su mamá. 

Esta será su primera navidad solo. Le habían hecho varias invitaciones y a todas contestó agradecido que ya había aceptado otra invitación. Pero no es así. Sergio ha decidido pasar la nochebuena en casa, sin nada más que el recuerdo de su madre. Esta noche, cuando llegue a casa después de trabajar, se pondrá la tele, e irá a la cocina a por su cena. Al ser una noche especial la celebrará con una tableta de turrón de chocolate que se zampará entera, junto a una lata de Sprite (su bebida favorita), y se dormirá viendo una película antigua de las que tanto le gustan. 

La imagen que tengo de Sergio es de aquella ocasión en que lo vi de la mano de su madre, parados en un semáforo; de improviso, él acercó su cara a la de ella y le plantó un beso en la mejilla. El beso más tierno que jamás he visto.

Publicado en: Castellano, Relatos Etiquetado como: Castellano, Navidad, Social

Enlazados

4 septiembre, 2018 by JAP Vidal 1 comentario

Luisa soñaba despierta mientras paseaba su pastor alemán, a primera hora de la mañana. Le había llegado el rumor de que, ese mediodía, alguien muy importante iba a hacer una visita a su Brigada de Limpieza ¿De quién se trataría? ¿Le podría ayudar esa persona a ascender en la Brigada? Quizás incluso fuese el inicio de una carrera política meteórica. Sin darse cuenta de lo que su mascota dejaba en medio de la calle, ella continuó divagando entre la alcaldía y un escaño en el parlamento.

Durante toda la mañana, Luisa fue un manojo de nervios. Llegó la hora y se presentó en el lugar donde habían sido convocados todos aquellos que desearan limpiar las calles de la porquería propagandística separatista. Vio que al final iban a ser una docena de voluntarios. Les habían pedido que por un día dejaran en casa el uniforme blanco de desinfección y que acudieran bien vestidos, pues iban a acudir los medios de comunicación a cubrir la noticia y había que dar buena imagen. Todos ellos esperaban expectantes al personaje misterioso. Finalmente el misterio fue desvelado, entre una nube de periodistas apareció el político de moda. Todos aplaudieron con fervor. 

– Hoy, el compañero Albert nos dará su apoyo en nuestra dura misión de limpiar las calles de porquería – dijo un tipo al que ninguno en la Brigada había visto jamás – Como vais a ir en parejas, Albert solo podrá acompañar a uno de vosotros.
– ¿Puedo ir con esta señora tan agradable? – dijo el político, señalando de manera educada a una Luisa rebosante de felicidad.
– ¡Sí, sí! – acertó a decir ella, la única fémina en el grupo.

Las diferentes parejas se dispersaron para llevar a cabo su cometido. A Luisa y Albert les tocó una zona cercana a la vivienda de ella. El político no paraba de hablar con la prensa, pero a ella poco le importaba. Sabía que en algunas de las fotos que a él le hicieran, aparecería ella sonriendo, complacida imaginando la envidia de sus amigas al verla en los periódicos e incluso la televisión, al lado del mejor político español de los últimos tiempos.  No le molestó en absoluto que mientras ella se agachaba a cortar los lazos más bajos, Albert se encargaba de aquellos que se encontraban a su altura. «No puede agacharse porque le enfocan las cámaras», razonó.

– …por supuesto! ¡La tarea que cada día realizan miles de voluntarios es encomiable! ¡Una acción que debería ser responsabilidad de todos los ayuntamientos y que ejemplares vecinos realizan de forma completamente desin…
– ¡Perdone! – interrumpió un periodista que a Luisa le pareció sospechoso desde el primer momento – Ahí atrás se han dejado un lazo.
– ¿Dónde? Yo no veo ninguno atado por aquí.
– Hay un lazo en medio de la calle.

Allí donde el periodista señalaba había un imponente excremento de perro. Por encima suyo alguien había pintado a spray un lazo bien visible gracias al tamaño de la caca. El político quiso pasar por alto la situación y continuar el paseo seguido por su comitiva de palmeros; sin embargo, la voz del periodista le hizo detenerse.

– ¿A qué espera? Esta es una gran oportunidad para demostrar que su partido está limpiando las calles, sin ningún tipo de dudas – dijo con sorna mientras el cámara que le acompañaba grababa el momento.

El político miró a Luisa, apremiándole sin palabras a retirar como fuese aquella mierda de en medio de la calle. Ella, echando de menos su uniforme aséptico, cogió el excremento utilizando un par de pañuelos de papel, pues era demasiado grande como para cubrirlo con uno. «Se parece a las cacas de Toby», pensó. Solo aquel periodista miserable y el cámara que le acompañaba se quedaron a grabar como Luisa realizaba tarea tan denigrante. El resto de la comitiva continuó el camino mientras el líder político comentaba algo sobre la falta de civismo de los separatistas y de cómo el ayuntamiento que los apoyaba había recortado el presupuesto de limpieza. 

Cuando por la noche puso las noticias en las diferentes cadenas de televisión, descubrió con horror que en todos los informativos aparecía ella recogiendo el excremento marcado con el lazo. Le tocaba estar varios días sin pisar la calle para evitar las burlas de las vecinas.

Luisa acabó aquel día prometedor llorando como una magdalena en su cama, humillada, incapaz de entender que, acciones y reacciones se enlazan en una especie de karma cósmico, y que si juegas con mierda al final te mancharás seguro.

 

Publicado en: Castellano, Relatos Etiquetado como: Castellano, Comedia, Política, Social

Metamorfosis

27 agosto, 2018 by JAP Vidal Deja un comentario

 

– ¡Qué asco, una cucaracha! ¡Toma pisotón!
– ¡Isabel, noooo!
– ¡No puede ser! ¡Ese bicho ha hablado! ¡Ha dicho mi nombre!
– ¡Soy yo, Gregorio!
– ¡Gre…Gregorio! ¿Eres tú, en serio?
– Sí, soy yo.
– ¿Cómo te has convertido en una cucaracha?
– Cuando te lo explique no te lo creerás.
– ¡Gregorio, estoy hablando con una cucaracha panza arriba, creo que podré creerme cualquier cosa que me cuentes!
– De acuerdo. Aquí va la terrible y sorprendente crónica de mi desgracia:

«Esta mañana, cuando me desperté, todavía rondaba por mi cabeza el último sueño de la noche que acababa de dejar atrás. Mantenía los ojos cerrados mientras mi mente proyectaba la imagen de una pantalla de ordenador. Concretando más, mi cerebro releía virtualmente la última frase de aquel correo electrónico que convertía mi sueño en pesadilla.

«En virtud de la potestad que la empresa me otorga, le informo de que ha sido usted DESPEDIDO«

Aún en plena angustia post-onírica, rebobiné mentalmente intentando descubrir cómo había llegado hasta ese momento. No sin considerable esfuerzo, alcancé a recordar que en el sueño me sentía bajo un fuerte estrés laboral, temeroso de perder el reconocimiento conseguido durante años de trabajo duro, con tareas cada vez más exigentes, más complicadas y menos agradecidas. En ese contexto hostil, de repente me entraba una llamada telefónica. Un compañero «me exigía» un favor. Los favores no se exigen, me habría gustado decirle, pero incluso en mi propio sueño me callaba por miedo a perder mi reputación tan duramente labrada. Sin embargo, esta vez al colgar, me daba cuenta de que algo había sucedido, que por mucho que quisiera sabía que jamás iba a hacer lo que se me había pedido. Ni eso ni nada más. Aunque lo desease, tanto mi cuerpo como mi cerebro se resistirían a obedecer. No recuerdo mucho más del sueño, seguramente haya dado un salto temporal, los sueños son así de caprichosos y anárquicos. Puede ser que pasasen semanas, meses o años,durante todo ese tiempo intentaba mostrar interés, disimular que seguía siendo el mismo profesional responsable. Hasta que al final, una mañana, recibía el correo electrónico de la directora de Recursos Inhumanos, y leía esa frase que lapidaba muchos años de ilusión y muchos más de frustración.

Abrí los ojos y ya no veía el mundo igual que ayer. Me sentía más pequeño, más ínfimo. Sin ningún valor para la sociedad. No me extrañó comprobar que mi cuerpo humano se había convertido en una vulgar cucaracha asquerosa, con una vida sin sentido.«

– Joder. Gregorio. Está claro lo que te ha pasado.
– ¿A qué te refieres?
– Sufres el síndrome Burnout.

– ¿Y eso qué es?
– En palabras vulgares, que has acabado tan hasta las pelotas de tu trabajo que ya te la suda todo. Vamos, que estás quemadísimo.
– Pues me temo que tienes razón.
– Tú mismo te haces la película de que te has convertido en una cucaracha.
– Cierto.
– Pero no lo eres.
– ¿Eh?
– En realidad, te sientes como una cucaracha y mientras no consigas cambiarlo, los demás te veremos igual que tú te ves a ti mismo.
– ¿Y qué puedo hacer?
– Reaccionar.
– Lo veo muy difícil.
– No creo que más que cambiar tu situación actual.
– ¿Qué quieres decir?
– Mírate, eres una cucaracha panza arriba. Si no te das la vuelta tendrás una muerte agónica. Tienes que girarte para poder seguir hacia delante.
– Ya lo he intentado y soy incapaz de hacerlo.
– ¿Por qué no pides ayuda?
– Ya lo he hecho. Pero todos los que han pasado por aquí, incluso varios conocidos, han huido de mi como si yo fuera un bicho asqueroso.
– A mi también me das grima, pero eres mi amigo. ¡Vamos allá!
– ¡Por fin!
– Y ahora, volver a transformarte depende de ti. No temas pedir ayuda. Los amigos de verdad te apoyaremos para que puedas transformarte las veces que haga falta.
– ¡Gracias! El esfuerzo de darme la vuelta me ha abierto el apetito. Voy a ver si puedo comer algo en ese bar de la esquina.
– ¡Cuidado! – gritó Isabel, demasiado tarde.

«¡Qué asco, una cucaracha! ¡Toma pisotón!». Gregorio no tuvo tiempo esta vez de reaccionar. Cuando el zapato se alzó de nuevo, Isabel contempló aterrorizada el espachurrado cuerpo de su viejo amigo contra la acera. Ya no cumplía el único requisito indispensable para la metamorfosis : estar vivo.

Publicado en: Castellano, Relatos Etiquetado como: Burnout, Castellano, Comedia, Ficción, Social

Hermes Wings

15 mayo, 2018 by JAP Vidal Deja un comentario

16 de mayo de 2028, 17:00 horas. En una oficina cualquiera de Barcelona.

– ¡Felicidades Sergio!
– Gracias Isabel.
– ¿Y cual es tu plan mañana? ¿Ya sabes lo que vas a hacer?
– ¿Mañana? He pensado que será un buen día para practicar deporte.
– ¡Qué buenas que están las croquetas! ¿Dónde las has comprado?
– En una tienda de reparto a domicilio. Les salen muy bien.
– Pues ha sido todo un acierto para esta fiesta. Esas tiendas tienen muy buenos productos, lástima que todas ellas exploten a sus trabajadores.
– Tienes razón.
– Disculpa, antes te he cambiado de tema. Así que, ahora que te jubilas, vas a aprovechar para hacer deporte, dices.
– Mañana mismo empiezo.
– Con la de años que llevamos trabajando juntos y ni siquiera sabía que te gustase el deporte.
– Bueno, es que hasta ahora no tenía tiempo para practicar bicicleta.
– ¡Bicicleta, qué bien! Es un deporte muy sano. Perdona pero me hace gracia imaginarte con pantalones cortos y marcando…
– ¡Qué mala eres Isabel! Cómo te aprovechas que mañana ya no seré tu jefe.
– Te echaremos de menos.
– Gracias. Pero no te preocupes que seguro que nos volveremos a ver.
– Sería genial. Matías, el nuevo jefe es un capullo y ya estamos planeando como fastidiarle. Te avisaremos para todas las celebraciones que hagamos y a él no le invitaremos. Cuando se entere se pondrá como una moto.
– Eso me lo hacíais a mí cuando me ascendieron.
– ¿En serio? No lo recuerdo ¡Si tu siempre fuiste muy bueno con nosotros!

Detrás de su sonrisa de complicidad, Sergio esconde el recuerdo muy presente en su mente del día en que Isabel se chivó al director de que él había llegado una hora tarde al trabajo. Aquel día había tenido que ir al médico y, por suerte, ya había tenido la precaución de avisar a su superior. Así había sido la vida siempre en aquella oficina, una jungla repleta de depredadores sin escrúpulos, más falsos que las auditorías que realizaban. Por fin iba a poder mandarlos a todos al carajo. En unos minutos iba a abandonar aquellas dependencias iluminadas por una luz artificial de palidez espectral y podría pasarse todo el día al aire libre, disfrutando de esa bicicleta que solo ha visitado en los últimos años para sacarle brillo.

 

 

17 de mayo de 2028, 08:00 horas. En una empresa de reparto a domicilio de Barcelona.

– ¡Buenos días, chicos! Me presento, soy Julio Greña, responsable de personal de Hermes Wings, la mejor empresa de reparto a domicilio de Barcelona. Vosotros sois, a ver si no me equivoco, Andrés, Sergio y Juan ¿Correcto? Mañana uno de vosotros será miembro de nuestra familia, una nueva ala de Hermes Wings. Tendrá este privilegio aquel que hoy complete antes este reparto de prueba. Los tres iréis a la misma empresa a entregar unos almuerzos. Es importante también que la mercancía llegue en buen estado, si no quedaréis descalificados.

Sergio observa a sus competidores. Andrés es un chico de unos veinte años, seguramente un estudiante con necesidad de un dinero extra mientras cursa la carrera que ha de garantizarle un porvenir fuera de este país sin futuro. Por el contrario, Juan parece ser un caso similar al suyo, un pensionista que necesita completar su pensión de mierda con otro sueldo, un «minijob» que debería ser de tres o cuatro horas al día pero que en la práctica se convierte en una jornada completa de ocho horas por el abuso de las empresas, que saben que tienen la sartén por el mango y el beneplácito de un sistema neoliberal perpetuado en el poder.

– Nuestra empresa, comprometida con el medio ambiente – continua su discurso promocional el señor Greña – no utiliza energías contaminantes, por eso nuestros repartidores circulan en bicicletas y patines. Podéis escoger vuestro medio de transporte, lo que os sea más cómodo. Lo innegociable es que la comida ha de llegar en perfecta presentación al cliente. ¿Tenéis alguna pregunta sobre vuestro trabajo?

– ¿Cuál es el horario de trabajo?

Es la clásica pregunta que ningún veterano se atrevería a formular. Andrés demuestra ser muy valiente o poco pillo, errores de juventud. Sergio observa la bicicleta de carreras del chico, una máquina que cuesta más dinero de lo que el chaval ganará en cinco años trabajando en esta empresa. El casco es otra maravilla, quizás más valiosa que la misma bicicleta ¿De verdad necesita este trabajo? Quizás ambas cosas son regalos de sus padres. Juan, por su parte, lleva unos patines de linea que a cualquiera que lo viese le daría por pensar que ha perdido a su nieta de diez años por el camino. Sergio, sin embargo, tiene una bicicleta de más de veinte años, poco usada pero tan mimada como esa nieta que él nunca tuvo.

– La jornada laboral es de seis horas, tres por la mañana y tres por la tarde, seis días a la semana. Por supuesto, se presupone que algunos días la jornada se puede alargar un poco según la demanda. Esos días se pide a cocineros y repartidores que sean comprensivos y hagan un esfuerzo extra.
– ¿Pero se nos pagará ese esfuerzo extra?

Andrés está tensando demasiado la cuerda. El señor Greña tuerce el gesto sin disimulo alguno. Su media melena canosa junto con su americana de color azul celeste y la camisa blanca impoluta, le dan una imagen de elegancia y soberbia.

– No son esfuerzos retribuibles. Pero no te preocupes porque son voluntarios. Si no podéis hacerlo no se os exigirá. ¿Alguna pregunta más? ¿No? Pues entonces vamos a hablar de la prueba. Tenéis que ir a esta dirección y entregar estos paquetes de comida. Son las oficinas de nuestra empresa, donde se toman los pedidos y donde también se ubica mi despacho. Preparaos porque en un par de minutos salís. El primero que llegue y entregue el pedido en perfecto estado se lleva el puesto de trabajo.

Los tres se colocan los cascos y las mochilas con los pedidos. Sergio observa a Juan, un anciano en patines. Se pregunta si él también estará tan ridículo en su bicicleta con tejanos cortos, camiseta y casco. Llega a la conclusión de que lo absurdo no son ellos, lo ridículo es que a su edad estén obligados a hacer esto para poder sobrevivir después de toda una vida trabajando.

– ¿Listos? – pregunta impaciente el señor Greña.

Todos se ponen en sus puestos. El chico, Andrés, está tocando unos mandos en su manillar.  Se da cuenta de que Sergio le mira.

– Estoy configurando el GPS de mi casco – le explica a Sergio mientras sonríe.

El viejo no dice nada, su casco es de lo más básico, solo sirve para evitar que sus sesos se desparramen por el cemento.

– ¡Ya!

Los tres aspirantes a repartidores salen a toda velocidad. Cruzan las primeras cinco calles separados a muy poca distancia, el joven un poco más adelantado a los dos ancianos. De pronto Sergio gira a la izquierda, mientras sonríe porque conoce un atajo que el GPS de Andrés no detecta. Sin embargo, Juan le ha seguido. Sergio acelera para intentar despegarse pero los patines de su adversario son tan rápidos como su bicicleta. Juan se convierte en su sombra. Diez minutos más tarde, los tres vuelven a coincidir en la recta final. Andrés los ve aparecer doscientos metros por delante de él, aprieta los dientes y lanza un sprint suicida en un intento desesperado por darles alcance. Cuando Sergio aparca la bicicleta de cualquier manera, Juan aprovecha para sacarle una pequeña ventaja sin quitarse los patines. Sin embargo, trata de subir unos cuantos escalones de manera torpe y Sergio está a punto de alcanzarle cuando, de repente, Juan cae de bruces sobre las escaleras. Es la oportunidad de Sergio, tiene vía libre para ganar. Juan no se mueve, permanece tendido boca abajo. Sergio lo adelanta, continúa directo hacia la victoria. Y se detiene. Vuelve hacia atrás y se agacha junto a Juan. En su juventud, Sergio aprendió a realizar masajes cardíacos que ahora aplica sobre su competidor. Mientras tanto, Andrés ya ha aparcado la bici y se acerca corriendo a toda velocidad a ambos ancianos. La victoria parece que al final va a ser suya. Juan despierta y Sergio respira aliviado. Andrés salta por encima de ellos pero tropieza con un pie y se estampa contra el suelo. A Sergio le ha parecido ver como Juan levantaba la pierna para entorpecer al joven. Ahora están todos en el suelo, pero Andrés es más ágil y se levanta más rápido. Corre los diez metros que le separan de la puerta, de la meta. Pulsa el timbre y aparece Julio Greña, sonriente.

– Vaya, parece que la victoria ha sido para el joven Andrés.

El chico sonríe prepotente mientras abre su bolsa y le entrega la mercancía al cliente ficticio. Al ver el estado de la comida, Julio Greña se pone serio, muy serio.

– No puedo aceptar este pedido. Ha llegado en un estado lamentable. Quedas eliminado.

Los dos ancianos se acaban de levantar del suelo, ayudándose uno al otro. Caminan hacia Julio Greña y el derrotado Andrés. Sin embargo, Juan se queda un poco por detrás, cediendo a Sergio el segundo puesto. Este le da las gracias, pero Juan le resta importancia con un gesto de su mano.

El señor Greña alarga la mano y Sergio le entrega el pedido, que no ha sufrido ningún desperfecto.

– Bienvenido a Hermes Wings, Sergio. Te deseamos una larga y productiva carrera en nuestra empresa.

Sergio no sabe si sentirse halagado o maldecir su suerte. El caso es que a partir de ahora podrá disfrutar de muchos días de deporte al aire libre.

 

Publicado en: Castellano, Relatos Etiquetado como: Castellano, Comedia, Social

El ramat

5 diciembre, 2017 by JAP Vidal Deja un comentario

– Et dic que ho vaig veure amb els meus propis ulls!

La Nelly estava desesperada. El seu amic Sam no la creia. El Ted, el be més vell del ramat, pasturava a poca distància quan va aixecar el cap amb curiositat.

– De què parles, Nelly? – va preguntar, mentre mastegava la verda i fresca herba del prat.
– La Nelly diu que ha vist al pastor preparant la màquina de xollar – es va anticipar en Sam.
– Tan aviat? Fa un dia molt assolellat però encara queda molt fins a l’estiu.
– Això li he dit jo i mira com s’ha posat amb mi!

El Ted va pensar que les ovelles negres eren molt rares. Mentrestant,  en Sam va fer un gest a la seva amiga i tots dos es van allunyar una mica de la resta del ramat per continuar amb la discussió en veu baixa.

– Vés amb compte, Nelly. El que dius és molt greu si no tens proves. Segur que era un llop?
– No sóc tan vella com el Ted però tinc una edat, Sam. Recordo molt bé el dia que els mastins van arrossegar a la lloba moribunda fins a la cabanya del pastor. Des de llavors podria reconèixer a un llop fins i tot per l’olor.
– Però, Nelly! És impossible que s’hagin infiltrat entre nosaltres. Com podrien enganyar als mastins?
– No ho sé! Només et puc dir que aquesta nit, mentre tot el ramat dormia, m’ha cridat l’atenció l’olor d’una ovella que s’allunyava del ramat. He vist com s’acostava a la tanca i sortia sense cridar l’atenció. Abans d’escapar a la meva visió, quan devia pensar que ningú la mirava, es va treure del damunt la pell d’ovella.
– I vas creure que era un llop.
– Era un llop! Com aquell que durant tants anys ens va atemorir.
– I com va poder enganyar als mastins?
– No ho sé. Hi ha quelcom molt estrany en tot plegat.
– Suposo que tampoc sabràs per què no ens va atacar si ja estava dins del ramat.
– Qui diu que no ho hagi fet? Quantes ovelles han desaparegut en les últimes setmanes?
– No siguis paranoica, Nelly! Sempre hi ha hagut ovelles esgarriades!
– Un parell cada setmana? No pots negar que són massa, fins i tot per a un ramat tan gran.
– Segueixo pensant que és absurd.
– Se m’ocorre una idea per descobrir si tinc raó.
– Què vas a fer?
– Ja ho veuràs.

Aquella tarda, quan tot el ramat es preparava per accedir a l’estable després de passar tot el dia pasturant al prat, es va sentir la potent veu de la Nelly.

– Ensenyem les potes a l’entrar! Tots!
– Per què? – va preguntar la Sue, una ovella blanca que no suportava a la Nelly.
– Per comprovar si hi ha intrusos al ramat.
– Intrusos?
– Sí. Au som-hi! Mostreu les potes com faig jo!

El ramat estava acostumat a obeir, així que fins i tot la Sue va fer el que la Nelly deia, mostrar les potes al passar per les portes de l’estable. Tot i  així, un parell d’ovelles blanques es van negar a entrar.

– Vosaltres també! Ensenyeu les potes! – les va exhortar la Nelly.
– Què passa aquí? – va preguntar en Sam, que s’havia acostat a la Nelly.

Les dues ovelles sospitoses romanien juntes sense atrevir-se a passar. Les ovelles negres van començar a cridar tot d’una «Ensenyeu les potes!». La majoria d’ovelles blanques van protestar, molestes per veure com increpaven a altres de la seva espècie. Van començar a discutir les unes amb les altres i no van trigar a aparèixer els quatre mastins que cuidaven del ramat.

– Què us passa? – va bordar el més gran dels gossos, el Wolf, que era el cap.
– Aquestes d’aquí no són ovelles! – va afirmar la Nelly amb rotunditat.
– I què són?
– Llops! – les ovelles de l’interior de l’estable van començar a xiuxiuejar entre elles, atemorides.
– Estàs espantant al ramat!
– Tenim dret a saber la veritat.
– Tranquil·litza’t, Nelly – li va aconsellar el Sam, que s’havia situat al seu costat.
– No vull tranquil·litzar-me. Tinc dret a ….

En Wolf va deixar anar un feroç grunyit i es va posar en posició d’atac. Els altres tres mastins van fer el mateix. Tot el ramat es va allunyar de les portes de l’estable, el més lluny possible dels gossos. No obstant això, la Nelly no es va moure ni un centímetre. La tensió va durar un llarg minut, fins que a la fi, els mastins  se’n van anar. Les ovelles negres van ovacionar eufòriques al seu líder, que s’havia enfrontat als temibles gossos, que en teoria havien de protegir el ramat de tot perill. Però la Nelly no semblava satisfeta, al contrari. Les ovelles sospitoses havien aprofitat el moment de pànic per tornar amb el ramat i tot allò no havia servit per res.

– És veritat que hi ha llops entre nosaltres, Nelly? – li va preguntar una cosina seva, la Dorothy.
– Sí – va contestar – Però no tinc proves.
– Hem d’estar alerta, llavors.

En Sam es va acostar a les dues ovelles negres.

– Esteu jugant amb foc.
– Sou les ovelles blanques les que jugueu amb foc. Esteu donant recer a llops. No us en adoneu que també vosaltres sou les seves víctimes?
– No hi ha llops, Nelly!
– Com diguis, Sam.

Nelly es va girar cap a la seva cosina.

– Aquesta nit reunió de les ovelles negres. Avisa-les  a totes.

A la nit, totes les ovelles negres van acudir a la reunió en un racó apartat de l’estable, lluny de les orelles de la resta del ramat. No obstant això, no van poder evitar que una ovella blanca s’acostés i escoltés el que es deia en aquella reunió sense que cap s’adonés. Nelly no va trigar a explicar la raó de la reunió.

– Hem d’abandonar el ramat.

Dorothy va haver de demanar silenci doncs totes les ovelles es van alterar en sentir la proposta de la líder.

– Però a on aniríem? – va preguntar una d’elles – La muntanya està plena de perills.
– I la granja també. Demà a la nit marxem. Fins llavors, ni una paraula sobre el tema ni tan sols entre vosaltres.

L’endemà, el ramat va estar  pasturant sense que es notés la tensió de la nit anterior, ni els plans per a la nit següent. Però a la tarda, quan el ramat tornava a l’estable, els mastins li van tallar el pas a la Nelly i se la van emportar. En Sam va estar discutint amb ells, a banda, i després va parlar per a les ovelles i bens.

– El pastor s’ha assabentat pels mastins del nerviosisme de la Nelly i ha volgut tranquil·litzar-la en persona. No us preocupeu, avui dormirà en la seva falda i demà estarà entre nosaltres.

Quan al matí va tornar la Nelly, les ovelles negres, preocupades, van anar a rebre-la al prat. També es va acostar el Sam.

– Com estàs, Nelly? – va preguntar en Sam.
– On està la Dorothy? – va preguntar ella, seriosa, amb la mirada perduda.
– Ha fugit.
– Quan?
– Mentre dormíem. Va desaparèixer durant la nit.
– Una altra ovella negra esgarriada? – va preguntar al Sam, molt seriosa.

La Nelly no va dir res més, va buscar un racó apartat de la resta del ramat per pasturar en solitud. En Sam la va observar durant un parell d’hores. L’ovella negra no va aixecar la vista del terra ni una vegada en tota la estona. El be se li va acostar, preocupat.

– Què et passa, Nelly? Estàs bé?

La veu del Sam li arribava llunyana, malgrat trobar-se a menys d’un metre de distància. La Nelly va aixecar el cap. Va admirar la bellesa del prat verd, que les seves llàgrimes convertien en un meravellós caleidoscopi. En un d’aquells poliedres es reflectia la silueta d’un mastí, que l’observava, seriós, a uns quants metres de distància.

– Ahir no vaig veure al pastor. Els mastins em van portar a les seves gosseres i … al final vaig perdre la consciència.
– Ho sento Nelly.
– Tu sabies que anàvem a abandonar el ramat.
– Què vols dir?
– Vaig veure com ens espiaves des de les ombres la nit de la reunió.

L’ovella es va girar i va mirar al rostre del seu millor amic dins del ramat. Va observar que els seus ulls estaven buits, sense lluentor, com en la majoria de les ovelles. A excepció de les més petites i també de les més rebels, la resta d’ovelles del ramat no tenien lluentor en la seva mirada, no tenien vida. Per això odiaven a la Nelly, envejaven la seva rebel·lia, la seva il·lusió. En Sam també l’envejava.

– Tu ens vas trair.
– Et juro Nelly que no…

En Sam no va poder acabar la frase. La Nelly el va copejar amb les potes davanteres a tota la cara, una vegada i una altra. El mastí que vigilava a la Nelly se’n va adonar i va intentar actuar però les ovelles negres el van atacar, impedint-li acostar-se. La Nelly seguia copejant al Sam, que va doblegar les potes incapaç de plantar cara a l’atac d’ira de l’ovella negra. No obstant això, les ovelles blanques, encara que tard, van reaccionar. Van començar a atacar a les ovelles negres que obstaculitzaven al mastí. La Sue va córrer a avisar als altres mastins. La Nelly va deixar al Sam i va fugir a través del prat, havia d’aconseguir arribar al bosc. Però gràcies a la Sue i a la resta d’ovelles blanques, els mastins van poder reaccionar ràpid i van atrapar a la Nelly i a les altres ovelles negres que havien intentat escapar. Cap d’elles va aconseguir el bosc. Totes van ser portades a l’estable excepte la Nelly. A ella la van portar a la cabanya del pastor. La van obligar a entrar i allà la hi van deixar.

La Nelly mai havia estat a l’interior de la cabanya. Només entrar, clavada a la paret principal, va veure la pell d’un llop. Era, sens dubte, la lloba que un parell d’anys enrere havien atrapat els mastins. L’habitació feia olor de suor humana, de sang i d’una altra olor que l’ovella negra recordava molt bé.

– Hola Nelly.

Va veure al pastor al costat de la cabanya on es trobava la cuina. Estava tallant alguna cosa sobre la taula de fusta, amb un gran ganivet.

– Has tornat a portar-te malament?

L’humà seguia treballant amb el ganivet sense detenir-se mentre parlava.

– No em deixes més remei que deixar als meus cadells que decideixin la teva sort, com van fer amb la teva cosina, la Dorothy.

Va acabar de tallar amb el ganivet i va aixecar un tros de carn vermella. La sang corria per la seva mà. En aquell moment, de la foscor van sorgir un parell de llops, caminant al trot cap al pastor. L’home els va tirar el tros de carn i ells es van barallar per ell.

– Quan els mastins em van portar a la lloba moribunda, em vaig trobar amb que estava a punt de parir. Vaig rescatar a dos dels cadells i els vaig alimentar amb la vostra llet primer, i després amb la vostra carn. Al principi jo mateix escollia l’ovella a sacrificar, fins que ells van ser prou grans com per introduir-se al ramat i seleccionar les seves preses. No hi havies d’haver ficat els nassos, Nelly. Tu ets massa vella per al seu gust…

Un dels llops es va apoderar del tros de carn i l’altre es va queixar amb un trist gemec. El pastor li va fer un senyal al llop perdedor i aquest es va girar cap a la Nelly. El depredador va començar a trotar cap a ella.

…Però també és veritat que quan hi ha gana, no hi ha carn prou dura.

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El rebaño

29 noviembre, 2017 by JAP Vidal 2 comentarios

– ¡Te digo que lo vi con mis propios ojos!

Nelly estaba desesperada. Su amigo Sam no le creía. Ted, el cordero más viejo del rebaño, pastaba a poca distancia cuando levantó la cabeza con curiosidad.

– ¿De qué hablas, Nelly? – preguntó, mientras masticaba la verde y fresca hierba del prado.
– Nelly dice que vio al pastor preparando la máquina de esquilar – se anticipó Sam.
– ¿Tan pronto? Hace un día muy soleado pero aún queda mucho hasta el verano.
– ¡Eso le he dicho yo y mira cómo se ha puesto conmigo!

Ted pensó que las ovejas negras eran muy raras. Mientras, Sam hizo un gesto a su amiga y ambos se alejaron un poco del resto del rebaño para seguir con la discusión en voz baja.

– Vete con cuidado, Nelly. Lo que dices es muy grave si no tienes pruebas. ¿Seguro que era un lobo?
– No soy tan vieja como Ted pero tengo una edad, Sam. Recuerdo muy bien el día que los mastines arrastraron a la loba moribunda hasta la cabaña del pastor. Desde entonces podría reconocer a un lobo hasta por el olor.
– ¡Pero, Nelly! Es imposible que se hayan infiltrado entre nosotros. ¿Cómo podrían engañar a los mastines?
– ¡No lo sé! Solo te puedo decir que esta noche, mientras todo el rebaño dormía, me llamó la atención el olor de una oveja que se alejaba del rebaño. Observé que se acercaba a la cerca y salía disimuladamente. Antes de escapar de mi vista, cuando debía pensar que nadie le miraba, se quitó de encima la piel de oveja.
– Y creíste ver que era un lobo.
– ¡Era un lobo! Como el que durante tantos años nos estuvo aterrorizando.
– ¿Y cómo pudo engañar a los mastines?
– No lo sé. Algo falla.
– Supongo que tampoco sabrás por qué no nos atacó si ya estaba dentro del rebaño.
– ¿Quién dice que no lo haya hecho? ¿Cuántas ovejas han desaparecido en las últimas semanas?
– ¡No seas paranoica, Nelly! ¡Siempre ha habido ovejas descarriadas!
– ¿Un par cada semana? No puedes negar que son demasiadas, incluso para un rebaño tan grande.
– Sigo pensando que es absurdo.
– Se me ocurre una idea para descubrir si tengo razón.
– ¿Qué vas a hacer?
– Ya lo verás.

Esa tarde, cuando todo el rebaño se preparaba para acceder al establo tras pasar todo el día pastando en el prado, se oyó la potente voz de Nelly.

– ¡Enseñemos las patas al entrar! ¡Todos!
– ¿Por qué? – preguntó Sue, una oveja blanca que no se llevaba bien con Nelly.
– Vamos a comprobar si hay intrusos en el rebaño.
– ¿Intrusos?
– Sí. Venga, mostrad todas las patas como hago yo.

El rebaño estaba acostumbrado a obedecer, así que incluso Sue hizo lo que Nelly decía, mostrar las patas al pasar por las puertas del establo. Sin embargo, un par de ovejas blancas se negaron a entrar.

– ¡Vosotras también! ¡Enseñad las patas! – les exhortó Nelly.
– ¿Qué haces? – preguntó Sam, que se había acercado a Nelly.

Las dos ovejas sospechosas permanecían juntas sin atreverse a pasar. Las ovejas negras comenzaron a gritar al unísono «¡Enseñad las patas!». Sin embargo, la mayoría de ovejas blancas protestaron, molestas por ver como increpaban a otras de su especie. Comenzaron a discutir unas con otras y no tardaron en aparecer los cuatro mastines que cuidaban del rebaño.

– ¿Qué sucede? – ladró el más grande de los perros, Wolf, el jefe de ellos.
– ¡Estas de aquí no son ovejas! – afirmó Nelly con rotundidad.
– ¿Y qué son?
– ¡Lobos! – las ovejas del interior del establo comenzaron a cuchichear entre ellas, atemorizadas.
– ¡Estás asustando al rebaño!
– Tenemos derecho a saber la verdad.
– Tranquilízate, Nelly – le aconsejó Sam, que se había situado a su lado.
– No quiero tranquilizarme. Tengo derecho a  ….

Wolf soltó un feroz gruñido y se puso en posición de ataque. Los otros tres mastines hicieron lo mismo. Todo el rebaño se alejó de las puertas del establo, lo más lejos posible de los perros. Sin embargo, Nelly no se movió ni un centímetro. La tensión duró un largo minuto, hasta que al final los mastines se marcharon. Las ovejas negras jalearon eufóricas a su líder, que se había enfrentado a los temibles perros, que en teoría debían proteger el rebaño de todo peligro. Pero Nelly no parecía satisfecha, al contrario. Las ovejas sospechosas habían aprovechado el momento de pánico para regresar con el rebaño y todo aquello no había servido para nada.

– ¿Es verdad que hay lobos entre nosotras, Nelly? – le preguntó una prima suya, Dorothy.
– Sí – contestó – Pero no tengo pruebas.
– Debemos estar alerta, entonces.

Sam se acercó a las dos ovejas negras.

– Estáis jugando con fuego.
– Sois las ovejas blancas las que jugáis con fuego. Estáis dando cobijo a lobos. ¿No os dais cuenta que también vosotras sois sus víctimas?
– ¡No hay lobos, Nelly!
– Como tu digas, Sam.

Nelly se giró hacia su prima.

– Esta noche reunión de las ovejas negras. Avisa a todas.

Por la noche, todas las ovejas negras acudieron a la reunión en un rincón apartado del establo, lejos de las orejas del resto del rebaño. Sin embargo, no pudieron evitar que una oveja blanca se acercara y escuchara lo que se decía en aquella reunión sin que ninguna se diera cuenta. Nelly no tardó en explicar la razón de la reunión.

– Debemos abandonar el rebaño.

Dorothy tuvo que pedir silencio pues todas las ovejas se alteraron al oír la propuesta de su líder.

– ¿Pero a dónde iríamos? – preguntó una de ellas – El monte está lleno de peligros.
– Y la granja también. Mañana por la noche nos marchamos. Hasta entonces, ni una palabra sobre el tema ni siquiera entre vosotras.

Al día siguiente, el rebaño estuvo pastando sin que se notara la tensión de la noche anterior, ni los planes para la noche siguiente. Pero por la tarde, cuando el rebaño regresaba al establo, los mastines le impidieron el paso a Nelly y se la llevaron. Sam estuvo discutiendo con ellos, aparte, y luego habló para las ovejas y corderos.

– El pastor se ha enterado por los mastines del nerviosismo de Nelly y ha querido tranquilizarla en persona. No os preocupéis, hoy dormirá en su regazo y mañana estará entre nosotros.

Cuando por la mañana regresó Nelly, las ovejas negras, preocupadas, fueron a recibirla en el prado. También se acercó Sam.

– ¿Cómo estás, Nelly? – preguntó Sam.
– ¿Dónde está Dorothy? – preguntó ella, seria, con la mirada perdida.
– Ha huido.
– ¿Cuándo?
– Mientras dormíamos. Desapareció en la noche.
– ¿Otra oveja negra descarriada? – preguntó a Sam, muy seria.

Nelly no dijo nada más, buscó un rincón apartado del resto del rebaño para pastar en soledad. Sam la observó durante un par de horas. La oveja negra no levantó en todo ese rato la vista del suelo ni una sola vez. El cordero se le acercó, preocupado.

– ¿Qué te ocurre, Nelly? ¿Estás bien?

La voz de Sam le llegaba lejana, a pesar de encontrarse a menos de un metro de distancia. Nelly levantó la cabeza. Admiró la belleza del verde prado, que sus lágrimas convertían en un maravilloso caleidoscopio. En uno de aquellos poliedros se reflejaba la silueta de un mastín, que la observaba, serio, a varios metros de distancia.

– Ayer no vi al pastor. Los mastines me llevaron a sus perreras y … al final perdí la consciencia. 
– Lo siento Nelly.
– Tú sabías que íbamos a abandonar el rebaño.
– ¿Qué quieres decir?
– Vi como nos espiabas desde las sombras la noche de la reunión.

La oveja se giró y miró al rostro de su mejor amigo dentro del rebaño. Observó que sus ojos estaban vacíos, sin brillo, como en la mayoría de las ovejas. A excepción de las más pequeñas y también de las más rebeldes, el resto de ovejas del rebaño no tenían brillo en su mirada, no tenían vida. Por eso odiaban a Nelly, envidiaban su rebeldía, su ilusión. Sam también la envidiaba.

– Tú nos traicionaste.
– Te juro Nelly que no…

Sam no pudo acabar la frase. Nelly le golpeó con sus patas delanteras en toda la cara, una y otra vez. El mastín que vigilaba a Nelly se dio cuenta e intentó actuar pero las ovejas negras le atacaron, impidiéndole acercarse. Nelly seguía golpeando a Sam, que dobló las patas incapaz de plantar cara al ataque de ira de la oveja negra. Sin embargo, las ovejas blancas, aunque tarde, reaccionaron. Comenzaron a atacar a las ovejas negras que obstaculizaban al mastín. Sue corrió a avisar a los otros mastines. Nelly dejó a Sam y huyó a través del prado, tenía que alcanzar el bosque. Pero gracias a Sue y al resto de ovejas blancas, los mastines pudieron reaccionar rápido y alcanzaron a Nelly y a las otras ovejas negras que habían intentado escapar. Ninguna de ellas alcanzó el bosque. Todas fueron llevadas al establo excepto Nelly. A ella la llevaron a la cabaña del pastor. Le obligaron a entrar y allí la dejaron. 

Nelly nunca había estado en el interior de la cabaña. Nada más entrar, clavada en la pared principal, vio la piel de un lobo. Era, sin duda, la loba que un par de años atrás habían atrapado los mastines. La estancia olía a sudor humano, a sangre y a otro olor que recordaba muy bien.

– Hola Nelly.

Vio al pastor en el lado de la cabaña donde se encontraba la cocina. Estaba cortando algo sobre la mesa de madera, con un gran cuchillo. 

– ¿Has vuelto a portarte mal? 

El humano seguía trabajando con el cuchillo sin detenerse mientras hablaba. 

– No me dejas más remedio que dejar a mis cachorros que decidan tu suerte, como hicieron con tu prima Dorothy.

Terminó de cortar con el cuchillo y levantó un trozo de carne roja. La sangre corría por su mano. En ese momento, de la oscuridad surgieron un par de lobos, caminando al trote hacia el pastor. El hombre les tiró el trozo de carne y ellos se pelearon por él.  

– Cuando los mastines me trajeron a la loba moribunda, me encontré con que estaba a punto de parir. Rescaté a dos de los cachorros y los alimenté con vuestra leche primero, y luego con vuestra carne. En un principio yo mismo escogía la oveja a sacrificar, hasta que ellos fueron suficientemente mayores como para introducirse en el rebaño y seleccionar sus presas. No tenías que haber metido las narices, Nelly. Tú eres demasiado vieja para su gusto…

Uno de los lobos se apoderó del trozo de carne y el otro se quejó con un lastimero gemido. El pastor le hizo una señal al lobo perdedor y este se giró hacia Nelly. El depredador comenzó a trotar hacia ella.

…Pero también es verdad que cuando hay hambre, no hay carne dura.

Publicado en: Castellano, Relatos Etiquetado como: Castellano, fábula, Ficción, Social

El antropófago del Gayxample

27 septiembre, 2017 by JAP Vidal Deja un comentario

—  ¡Te has comido a mi novio!
— No es lo que parece, te lo puedo explicar.
— ¿Qué vas a explicarme? He visto cómo te lo tragabas.
— ¡Ha sido él quien ha querido que yo me lo comiera!
— ¿Pero qué dices? ¿Por qué iba a querer tal cosa?
— ¿Te tranquilizas y me dejas que te lo explique?
— Te doy un minuto, luego llamo a la policía.
— ¿Y qué le vas a decir? ¿Que un contenedor de basura se ha comido a tu novio? ¿Te das cuenta que te tomarán por loco?
— ¿Cómo es que puedes hablar?
— No lo sé. El otro día un tipo llegó corriendo y me tiró unas cuantas mierdas químicas. Me debieron sentar fatal porque desde entonces tengo la capacidad del raciocinio y la del habla.
— ¡Pero tienes vida!
— ¡Y tú también, qué raro! ¿No te das cuenta de que tú y yo estamos compuestos de materia orgánica y en nuestro interior se producen complejas reacciones químicas? 
— ¡Qué raro eres! Eres capaz de argumentar como un científico.
— No solo eso. Te puedo garantizar que soy un dios.
— ¿Un dios?
— Sí, el dios de los contenedores de la basura. Soy un ser superior sobre el resto de contenedores de este planeta.
— Hombre, visto así…
— Mira Ramón…
— ¿Cómo sabes mi nombre?
— Iván, tu novio, me lo ha dicho. Me ha pedido que te diga que desea que te unas con él en mi interior.
— ¿Me quieres comer? ¡Voy a llamar a la policía!
— ¡Detente! ¡No te voy a comer! Si tú no quieres. Yo solo te digo que Iván lo tuvo muy claro. Mi panza es inmensa, mucho más grande de lo que parece desde fuera. Allí tendréis todo lo que necesitéis. Comida, cobijo, intimidad… Y si un día lo queréis dejar, pues nada, me lo decís y tan amigos. Nadie os molestará, te lo aseguro. Vosotros no os merecéis las miradas de desprecio de esos homínidos que tienen más pelos en el culo que neuronas en el cerebro. ¿Para qué sufrir malos ratos cuando aquí podéis estar tranquilos todo el tiempo que queráis? Nadie os mirará mal, ni hablará a vuestras espaldas. Yo sé lo que es ser rechazado, en mi caso por mi olor y mi condición de recipiente de desechos.
— Odio sus cuchicheos.
— Dan asco.
— Y sus miradas impertinentes.
— Sí, son tan imbéciles que se te quedan mirando fijamente, como si fueran invisibles.
— Es una sociedad de mierda.
— Tú lo has dicho. Yo os puedo proporcionar un paréntesis de paz y vosotros llenarlo de amor.
— Nos podremos besar.
— Y coger la mano.
— Sí, sin que nadie nos insulte.
— Libres de las miradas de los necios.

— ¿Y podemos salir cuando queramos?
— Solo tenéis que pedírmelo y en un periquete estáis de vuelta.
— Pues allá voy.  Abre la boca.
— Cuidado no te hagas daño al caer dentro.
— ¡Iván! ¡Ya voy!
— ¡Ñam, ñam!

…

— ¡Al monstruo, al monstruo!
— ¿Qué pasa? ¿Qué he hecho?
— Te has comido a ese chico! ¡Voy a llamar a la policía!
— ¡Tiene una explicación! Dame solo un minuto y te lo explico. ¿Te he dicho ya que soy un dios?

Publicado en: Castellano, Relatos Etiquetado como: Castellano, Ficción, Humor, Religión, Social

Lógica política ergo lógica barata

27 octubre, 2016 by Wambas Deja un comentario

NO
ES NO
NO ES NO
ES NO ES NO
NO ES NO ES NO.


——————————————————————————————————————


NO DAREMOS APOYO A PARTIDOS MANCHADOS POR LA CORRUPCION
pero…
A LOS PRIMEROS LES DAREMOS APOYO SI SE COMPROMETEN A LUCHAR CONTRA LA CORRUPCION 
y…
A LOS SEGUNDOS LES ANIMAMOS A UNIRSE Y DAR SU APOYO A LOS PRIMEROS
pero…
SI LOS PRIMEROS Y LOS SEGUNDOS SE APOYAN YA NO NOS NECESITAN
ergo…
NO DAREMOS APOYO A PARTIDOS MANCHADOS POR LA CORRUPCION PORQUE NO LO NECESITAN, YA SE APOYAN ENTRE ELLOS.


—————————————————————————————


ESTAMOS ABIERTOS A DIALOGAR TAL Y COMO SIEMPRE HEMOS HECHO
pero…
NUNCA HEMOS DIALOGADO
ergo..
SEGUIREMOS HACIENDO LO MISMO.


—————————————————————————————-

SOMOS TAN RADICALES QUE APOYAMOS UN REFERENDUM
pero…

ESE REFERENDUM HA DE SER LEGAL
y…
EL GOBIERNO JAMÁS LEGALIZARÁ EL REFERENDUM
ergo…

EL REFERENDUM LEGAL ES UN ABSURDO
ergo…
SOMOS TAN RADICALES QUE APOYAMOS UN ABSURDO




Publicado en: Descatalogada Etiquetado como: Castellano, Política, Social

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