• Saltar a la navegación principal
  • Saltar al contenido principal

JAP Vidal

Relatos fantásticos y de misterio de JAP Vidal

  • Relatos
    • El año de la rata
      • El año de la rata
      • El año de la rata – Héroes
      • El año de la rata – Fe
      • El año de la rata – Amuletos
      • El año de la rata – Perdidos
    • Castellano
      • 2020
        • Y la venganza surgió del mar
        • Las diez patas de Carcinos
        • El vividor
      • 2019
        • La duda de Orfeo
        • Amor multiversal
        • Save our souls
        • El alma amputada
        • Max
        • La variable
      • 2018
        • A través de la ventana
        • Mientras te recuerden
        • La belleza de las estrellas fugaces
        • Enlazados
        • Metamorfosis
        • La Momia
        • El ente sombra
        • Mientras haya un lobo vivo
        • Hermes Wings
        • El evangelio perdido
        • Neska
        • Las marionetas del Poder
        • Derechos de imagen
        • El maldito cuadro maldito
        • Carnival Killers
        • Luz
        • Un mundo ingrato
        • Simpatía por el reo
      • 2017
        • El último hombre bueno
        • La sonrisa de Nahia
        • Mis mejores deseos
        • El pollo
        • El rebaño
        • La maldición de Ramsés
        • Macabro placer
        • No matarás
        • La castañera
        • El invierno ha llegado
        • Llueve sobre mojado
        • TU LIBRO
        • Aplicando la ley proporcionalmente
        • Tú decides
        • El antropófago del Gayxample
        • El cácaro
        • Piel
        • La bala que no oiga llegar
        • En vivo entre muertos
        • Back in Black
        • Ocho horas
        • A puerta fría
        • Inés
        • Noche de difuntos
        • La lista del dragón
        • El hombre eterno
        • El vigilante de noche
        • El clérigo
        • El rincón más oscuro
        • Kaiju, la bestia.
        • Diablo
        • …a hierro muere
    • Català
      • L’evangeli desaparegut
      • La Neska
      • El somriure de la Nahia
      • El ramat
      • Tu decideixes
      • La bala que no senti arribar
      • El vigilant de nit
      • El racó més fosc
      • Kaiju, el monstre
      • …d’espasa té de morir
    • English
      • Kaiju, the monster
      • Evil Tramp
      • …dies by the sword.
  • Lecturas
    • Muerte sin resurrección (Roberto Martínez Guzmán)
    • La arena del reloj – Mayte Esteban
    • 50 palos – Pau Donés
    • Un café a las seis – Pilar Muñoz
    • Leyendas de la Tierra límite : Las Tierras Blancas
    • Un cadáver muy frío – Ana Bolox
    • Lectores aéreos – Gabriella Campbell
    • Un hotel en ninguna parte – Mónica Gutiérrez
    • Siete libros para Eva – Roberto Martínez Guzmán
    • El silbido de la serpiente
  • Bibliografía
    • El autor
    • 50/30 Historias para el camino
    • La librería a la vuelta de la esquina
  • Agradecimientos
  • Política de privacidad

Humor

Mientras haya un lobo vivo

2 junio, 2018 by JAP Vidal Deja un comentario

«El Norte recuerda».  (Casa Stark)

Viernes, 24 de mayo de 2018. Salón del palacio de la Casa Brey.

– Señor, le traigo los diarios del día.
– Tú no eres uno de los míos, ¿verdad? 
– No, señor.
– Lo he adivinado por tu acento, no es de aquí. Eres el chico vasco que acaba de llegar ¿A qué sí?
– Así es, señor  – contesté y mi rostro reflejó una sonrisa llena de inocencia. 
– ¡Ja, ja , ja! No se le escapa una al viejo Brey. 
– Es usted muy agudo.
– ¿Y qué cuentas? ¿Estás contento con el trato que te da mi familia?
– Mucho, no tengo queja. 
– ¿Y dónde están mis consejeros? ¿No quedamos que hoy prepararíamos el viaje a Kiev de mañana?
– ¿Se va usted a Kiev?
– ¡Pues claro! Ahora que tu familia y la mía han llegado a un buen acuerdo ya puedo irme tranquilo a ver la final de la Champions. Vamos a ver qué dice el Marca al respecto.
– Le sugiero que eche un ojo antes a la Razón.
– Luego, luego. Primero quiero ver si ya tenemos el once titular para mañana.
– Por favor, mire antes la crónica política.
– ¡Joder, te he dicho que primero…! ¡Un momento! ¿Qué es esto? 
– ¿Lo ve? Ya se lo decía yo. Parece ser que la justicia ha condenado a vuestra Casa por corrupción.
– ¿Salía hoy la sentencia? No me acordaba.
– ¿No le asusta? Podría ser su fin.
– ¡Ja! ¿Con quién te crees que hablas, joven?  ¡Soy Mariano Brey! 
– Aquí dice que los Rose han pedido vuestra cabeza.
– ¡Malditos imbéciles! ¡Acabaré con ellos igual que hice con los presuntuosos lobos del Norte! ¡Llama a mis nobles! ¿Dónde narices se han metido?
– ¡Están aquí, señor! – le aseguré con énfasis.
– ¿Y qué están haciendo? ¿Contando billetes?
– ¿No los ve usted?
– ¿Pero dónde se supone que los estás viendo?

– Fíjese bien en los periódicos.
– ¿Cómo?

Mi voz se convirtió en un susurro afilado.

– ¿Los ves ahora? Todos ellos han caído y ahora tu Casa desparecerá con tu muerte. Estás solo.
– Mire usted, su familia y la mía siempre se han entendido bien. Y lo que es bueno para la familia mucho mejor para mí.
– No he venido aquí a negociar contigo.

– ¿Quién es usted?

Y en ese momento me quité la máscara. 

– ¡Es imposible! – Es lo único que pudo atinar a decir el pobre desgraciado.
– Si dejas vivo a un lobo, las ovejas nunca estarán a salvo. 

De un rápido movimiento le rajé el cuello con su apreciado Marca. La sangre comenzó a brotar de su garganta en abundancia, manchando toda la estancia. Introduje los dedos de mi mano derecha en la herida y a continuación dejé que esos mismos dedos, llenos de sangre, surcaran su rostro pálido, casi amarillo, desde la frente hasta la barba. Lo último que el viejo vio fue la sonrisa de un enemigo mortal, lo último que escuchó fue su epitafio:

– El Invierno ha llegado a la casa Brey.  

Publicado en: Castellano, Relatos Etiquetado como: Castellano, Humor, Juego de tronos, Política

El maldito cuadro maldito

28 febrero, 2018 by JAP Vidal 2 comentarios

De camino al Museo de Arte Contemporáneo, ignorantes de la monstruosidad que allí nos esperaba, mi compañero Arturo y yo cantábamos a dúo viejas canciones de los Sex Pistols que sonaban en el radiocasete de nuestra furgo destartalada. Los coches y furgonetas de nuestro departamento debían pasar desapercibidos, por supuesto tampoco llevábamos ningún distintivo.

– Tío, no sabes lo que he soñado hoy – interrumpió Arturo.
– “When there’s no future how can there be sin” – seguía yo cantando.
– Baja el volumen que te lo tengo que contar.

Como viera que yo no le hiciera ni caso, él mismo lo bajó a saco y a continuación resonó en la furgo un “Me cago en tus muertos”.

– Calla, joder, que lo que te voy a contar es muy «jevi». ¿Te acuerdas del programa del otro día de la tele sobre los cerdos?
– ¡Pues claro!
– Pues tío, me debió dejar muy tocado porque esta noche he soñado mi propia versión del programa.
– ¿Y a mí que me …
– En el sueño yo era el presentador del programa, “El Tocahuevos” ese, y para hacer un programa sobre cómo es el gobierno de un país bananero me metía ¿sabes dónde? ¡No te lo vas a creer!
– ¡Dilo ya, coño!
– ¡En un consejo de ministros! Entraba yo de extranjis, con nocturnidad y alevosía, en la sala donde se junta el Gobierno. Pero lo curioso es que no se trataba de una sala de reuniones exactamente.
– ¿Y qué era?
– ¡Una pocilga, tío! ¡Una habitación llena de cerdos!

– ¡Qué fuerte!
– Y lo mejor de todo es que era capaz de reconocer a la mayoría de ellos.
– ¿A los cerdos?
– ¡No, hombre! ¡A los ministros! Había uno con una gran papada que todo el rato intentaba morderme. Luego, otro estaba medio muerto, como los del programa del “Tocahuevos”, y dos puercas se peleaban a mordiscos por comerse a ese moribundo, era un espectáculo asqueroso. ¡Le arrancaban las pelotas a bocados!
– ¿Dos puercas? A esas las reconozco yo también.
– ¡Sí, sí! ¿A qué suena a profecía?
– Sí, apocalíptica.
– Luego, otro iba enrollado en una bandera.
– ¿De qué país?
– ¿Y qué más da? Ahora no lo recuerdo pero da lo mismo.
– ¿Y ese que hacía?
– Ese no paraba de gritar como si lo mataran. Debía ser porque llevaba los cojones en carne viva, de tan gordos como los tenía. Eran balones de fútbol.
– Otra alegoría. Dime de qué presumes y te diré dónde te duele.
– El caso es que el gorrino de la papada dejó de intentar morderme, se fue a buscar a otros que iban vestidos de negro y entre todos me echaron a mordiscos de la sala.
– ¿Has dicho vestidos de negro?
– Sí, tío, como los árbitros antiguos.
– ¡Qué misterio!
– Pues tuve que salir por patas de aquella orgía gorrina. Cuando ya estaba fuera, en el mismo sueño, me encontraba con un tipo que me preguntaba qué hacía allí. Le dije que un sueño me había transportado hasta ese lugar, menuda paranoia. Aproveché para preguntarle yo a él como era posible que aquellos seres estuvieran capacitados para gobernarnos. ¿A que no sabes qué me contestó?
– No, pero me lo dirás.
– Tío, me dijo que pasaban revisiones periódicas cada cuatro años y que siempre con notas excelentes. Que los consumidores los escogían siempre como los mejores especímenes de su clase.
-¡Ja, ja, ja! ¡Real como la vida misma!
– Podría escribir un libro con este sueño.
– ¡Claro! ¡Venga, ya hemos llegado!

Aparcamos delante del Museo. La entrada estaba desierta pues aún faltaban un par de horas hasta que abrieran las puertas. Nos presentamos delante del vigilante nocturno con nuestras acreditaciones.

– ¿Los de «fenómenos extraños»?
– Los mismos.
– Esta vez os lo vais a tener que currar. Acompañadme.

El vigilante nos llevó a través de las diferentes salas de exposición hasta una en la que había un gran lienzo pintado al óleo, todo blanco y con una palabra en medio, abarcando todo el ancho de la pintura, en un tono más grisáceo: DEMOCRACIA.

– ¿Qué le pasa a este cuadro?
– Resulta que el otro día, un niño le pegó un chicle al lienzo.
– ¿Y dónde está el chicle? Parece que esté limpio.
– El cuadro lo absorbió y no quedó ni rastro de él.
– ¿Y han vuelto a probar a ensuciarlo?
– Le hemos escupido, orinado, lanzado excrementos humanos e intentado destruir.
– Y supongo que nos dirá que no le pasó nada.
– Nada de nada. La pintura se mantiene impoluta a pesar de hacerle todas las perrerías imaginables.
– Déjenos solos por favor.
– A ver si podéis descubrir el misterio antes de que abramos el museo, hoy visita el jefe de estado la exposición. Los mandamases no quieren sorpresas desagradables.

No le contestamos. Nosotros ya solo pensábamos en «el maldito cuadro maldito». Era de un blanco inmaculado, salvo la palabra que lo atravesaba de izquierda a derecha, de un blanco tirando a gris. Arturo se acercó, sacó un bolígrafo de su americana y comenzó a deslizarlo sobre el lienzo.

– ¿Qué haces? – le pregunté.
– Intento dibujar uno de los cerdos que soñé ayer.
– Pues te has quedado sin tinta.
– El bolígrafo está perfecto.

Arturo se pasó la punta del bolígrafo por la palma de su mano y comprobamos que pintaba, no se había quedado sin tinta. Me acerqué al cuadro, la superficie era rugosa por la pintura. Saqué la navaja que siempre llevo encima e intenté rajar la tela.

– ¿Te has vuelto loco? – gritó Arturo, asustado.
– Mira.

Tal como yo rajaba el lienzo, este se iba uniendo de nuevo, como una cremallera cerrándose.

– Como intentar cortar el mar – dije.
– Ayúdame a mirar detrás del cuadro.

El reverso del cuadro era como el de cualquier otro. Vete a saber qué pensaba encontrar Arturo allí detrás, pero el esfuerzo no sirvió de nada. Miento, sí sirvió de algo pues su idea trajo a mi memoria otra posibilidad, tan inverosímil como el suceso que nos ocupaba.

– Tenemos que encontrar al artista – exhorté a mi compañero.

Aunque él no sabía lo que rondaba por mi cabeza, me dejó hacer. El vigilante nos puso en contacto telefónico con el jefe de la exposición, que irritado porque le habíamos despertado, nos dijo dónde podríamos encontrar al autor de la obra, un tal Jaime Serra. Dio la casualidad de que habitaba un chalet no muy lejos de donde nos encontrábamos.

– ¿Hace mucho que no lo ve? – le pregunté.
– Pues hace una semana, cuando fuimos a buscar el cuadro a su taller.
– ¿Y no debería haber pasado por aquí a ver su obra expuesta?
– Pues, ahora que lo dice, sí que es extraño que no haya venido a verla.

Colgué sin tan siquiera despedirme. Arturo comenzó a imaginar la monstruosa idea que me rondaba. Eran muchos años juntos en el departamento de Fenómenos Paranormales.

Cogimos la furgoneta y en un cuarto de hora a toda leche nos plantamos delante de la casa del artista. Estaba a oscuras. Llamamos a la puerta y nadie nos abrió. En ese momento, el jefe de la exposición nos llamó para decirnos que había sido imposible contactar con Jaime Serra. Arturo decidió utilizar su habilidad para abrir puertas ajenas. Entramos en la casa solo con la luz de la linterna, para evitar llamar la atención de los vecinos. Olía a mierda. Encontramos a Jaime en la bañera, que no estaba llena de agua sino de sangre, excrementos y orina. Su cara estaba rajada por algún arma blanca inexistente, su pecho había sido acribillado por balas invisibles, le habían mutilado los brazos y la boca, las cuencas de sus ojos estaban vacías. En su frente había un chicle pegado. Sobre su vientre alguien había dibujado un cerdo con los testículos gigantes.

– ¿Cómo lo supiste? – me preguntó Arturo.
– Cuando miraste el reverso del cuadro, no sé por qué, me vino a la cabeza el retrato de Dorian Gray. Y pensé si quizás no estaríamos ante el efecto inverso, que tal vez el maltrato sufrido por el cuadro no quedaría reflejado en el pintor.
– ¿Pero por qué?
– Quién sabe. Quizás la respuesta no esté en el lienzo sino en lo que representa. Puede que el mismo autor lo quisiera así para hacer su obra aún más real. ¿Qué nos quería decir él con ese cuadro, con la palabra democracia?
– ¿Denunciar la cantidad de aberraciones que se esconden detrás de esa palabra?
– Pues menuda forma más macabra de hacerlo.
– Quizás se le fue de las manos.
– No creo, dudo de que sea casual que lo hayamos encontrado muerto en la bañera.
– ¿Quieres decir que se ha suicidado? ¿Que sabía que iban a acribillar al cuadro y de forma indirecta a él?
– Puede.

Llamamos al jefe de la exposición para explicarle que Jaime Serra había fallecido. Le ahorramos los detalles, solo le explicamos que se trataba de un paro cardíaco- como cualquier muerte, joder -. Eso sí, le aconsejamos que ocultara el cuadro para evitar preguntas incómoda.

En breve, ese lienzo será requisado por nuestro departamento y ya veremos lo que se decide hacer con él, aunque lo más seguro es que acabe escondido en un rincón oscuro de nuestro inmenso almacén de objetos relacionados con fenómenos inexplicables por la ciencia.

La noche siguiente fui yo quien soñó que entraba en una tienda de embutidos de delicatessen y, mientras esperaba que me atendieran, escuchaba el sonido de cerdos gruñendo el “God save the Queen” de los Pistols.

Publicado en: Castellano, Relatos Etiquetado como: Castellano, Fantasia, Humor, Política

Simpatía por el reo

1 enero, 2018 by JAP Vidal Deja un comentario

Se levanta de su escritorio y se dirige hacia la ventana, intrigado. A través de los barrotes observa el follón que se ha liado en el patio de la prisión. Alguno se ha ayudado de la mano para meter un gol y se ha montado un buen pollo. El preso entonces, desvía su mirada hacia el horizonte, hacia las blancas montañas de la Sierra que contrastan con el cielo azul inmaculado. El mundo sigue girando ahí fuera.

– Los días nacen y mueren cada veinticuatro horas. Y te preguntas ¿Qué sentido tiene el tiempo aquí dentro?

El reo se gira hacia la puerta, sorprendido. Al otro lado de las rejas, agarrando con firmeza los barrotes con ambas manos, se halla un hombre alto, moreno y con barba. Viste pantalón negro y, a pesar del frío que hace, una sencilla camisa blanca de lino, desabotonada hasta el ombligo, que deja a la vista su pecho velludo. 

– Hola Jotacé.
– ¿Te he asustado?
– No te esperaba. ¿Cómo es que no estás en el patio como los demás?
– Ya sabes que yo no soy como los demás. Tu tampoco lo eres.

– Intento pasar desapercibido.
– Pues con esa barriga no lo consigues.
– ¡No me seas…!
– ¡Es broma!
– No creo que estés perdiendo el poco tiempo que tienes de recreo para venir a burlarte de mí.
– Quería animarte un poco.
– Gracias, pero no entiendo como te han dejado pasar los guardas.
– Ni me han visto. Si me hubiesen pillado tampoco habría pasado nada, ya sabes que los tengo comiendo de mi mano.
– Por algo te llaman Rex Captivus, el Rey Cautivo.
– Me he enterado esta mañana que te habían castigado sin patio, como a un niño pequeño.

– Es lo que tiene ser un sedicioso.
– Te voy a confesar una cosa. Hace mucho tiempo, en mi ciudad, a mí también me querían crucificar por sedición.
– ¿A ti?
– Unos hijos de puta muy poderosos me la tenían jurada, y no pararon hasta entrullarme.
– ¿Y cómo te libraste?
– Escapé volando. Les jodí bien a esos mamones.
– Me parece que a mi no me será tan fácil librarme.
– ¿Volando? Difícil, pesas mucho. Lo importante es que no te rindas. Aprieta los machos y verás como se les congela la sonrisa de lerdos a tus enemigos.
– No sé si podré…
– ¡Te digo que has de aguantar, joder! ¡No te vengas abajo!
– ¿Y por qué te importa tanto? Los otros presos me dejaron muy claro que tú nunca te casas con nadie, que estás por encima del bien y del mal en esta prisión.

Jotacé buscó algo en sus pantalones. Sacó una llave con la que abrió la puerta de la celda y se acercó hasta quedar a un metro del rostro del  otro preso, petrificado de la sorpresa.

– Mira compadre, tu causa me importa una mierda, pero te tengo aprecio porque de ti y de otros como tú depende que esta sociedad despierte, abra los ojos y se pregunte qué ha sucedido mientras dormía. Algún día, gracias a gente como tú, los que llevan mucho tiempo aletargados se levantarán contra aquellos que solo encuentran sentido a su vida desde el odio al prójimo. Será entonces cuando los manipuladores serán doblegados. Solo que te pido que no cometas el mismo error que yo.
– ¿Cuál?
– Yo delegué mi causa en otros que al final no supieron defender todo aquello por lo que habíamos luchado juntos. No fueron capaces de evitar que los mismos miserables que quisieron crucificarme se hicieran con la patente de mi mensaje de respeto y amor y lo corrompieran transformándolo en una doctrina de rituales vacíos de significado, mientras que por otro lado promovían la intolerancia, el odio y la hipocresía.
– No entiendo de quién debo cuidarme. ¿De enemigos o también de amigos?
– De unos y otros, pero también del resto, incluso de ti mismo. El Mal está al acecho, dentro de todos nosotros, esperando la más mínima debilidad de nuestra alma para surgir y manipular nuestra voluntad. Sé fuerte, no delegues y sigue siempre la luz de tus principios. ¡Ah! Y una última cosa antes de marchar y no volver a hablar contigo jamás.
– ¿Qué?
– Jódelos vivos porque se lo merecen. Ellos son Legión ¿Te acuerdas? Pero no se te ocurra utilizar el odio para combatirlos, porque esa es su fuerza. Nada de odio, ya sabes.

Jotacé dio la espalda al reo, salió de la celda, cerró la puerta y se guardó la llave. Se dirigió a su celda, silbando por el pasillo una canción de un inglés que tenía una novia japonesa con la que protestaba en América contra la guerra, y que a la puerta de un hotel fue asesinado por un despechado fan suyo, cinco balazos mediante. Su canción hablaba de ilusiones para un mundo mejor, sin países, sin religiones, sin desigualdades. ¡Qué iluso!

Publicado en: Castellano, Relatos Etiquetado como: Castellano, Ficción, Filosofia, Humor, Política

El pollo

4 diciembre, 2017 by JAP Vidal Deja un comentario

El joven gallo imitaba con gran precisión los elegantes movimientos de su maestro. El viejo gallo se enorgullecía de la admiración que le profesaba aquel apuesto y prometedor galán.

– Algún día tú serás el amo de este gallinero – le dijo.
– ¿Cuándo? – preguntó el joven impaciente. 
–  Pronto, ya se acerca el frío invierno y poco antes de que llegue el solsticio os tendré que dejar. 
– ¿Y eso? 
– Pues porque año tras año, el gallo más bravo del corral es llamado a ocupar un lugar de privilegio en las celebraciones de los humanos. Incluso le honran con una misa en la noche más importante del año para ellos.

Un «¡Oh!» de asombro se dibujó en el pico del joven. Al viejo gallo no le costó mucho adivinar el pensamiento que cruzaba bajo la cresta de su joven alumno. 

– No te preocupes, este año me toca a mí, pero tú podrás disfrutar de tal honor el año que viene.

 Pero la ambición del alumno aventajado iba más allá, no pensaba dejar pasar la oportunidad de robarle a su maestro el reconocimiento de los humanos. A partir de ese mismo día, el joven gallardo se esforzó por cantar con más fuerza y pasear más tiempo sus bellas plumas con gran elegancia por todo el corral. Sus esfuerzos no cayeron en balde y los humanos no tardaron en premiarle con más comida y de mejor calidad.  De esa manera, el gallo creció y se hizo muy fuerte en muy poco tiempo. Un día  comenzó a rondar a una de las gallinas y el viejo gallo se vio forzado a darle una lección. Sin embargo, el joven le propinó tal paliza que el pobre desgraciado tuvo que lamerse las heridas, en silencio, en un rincón apartado del corral. A partir de ese momento, todas las gallinas se peleaban por ser el objeto de galanteo del joven gallito.

Y llegó el invierno, y un día los humanos vinieron acompañados de otros humanos. El joven gallo hinchó su pechuga en el momento que observó que, sin lugar a dudas, estaban hablando de él. Una mezcla de sensaciones le embargaron cuando un humano le cogió de las patas. Por un lado orgullo y vanidad, pero también miedo y angustia. Su vida hasta entonces se reducía a aquel corral, y de repente todo su mundo daba un vuelco literal. De hecho no le gustó nada que le cogieran de las patas y le dieran la vuelta. Y menos le gustó aún cuando advirtió que el viejo gallo le observaba con una sonrisa maliciosa. Intentó liberarse, mas sin mucha convicción pues tampoco quería parecer un cobarde a ojos de todo el corral, así que finalmente se lo llevaron entre el cacareo desconsolado de las gallinas. 

Por supuesto nadie volvió a ver al joven y apuesto gallo. El viejo, por su parte, aseguró a las gallinas que no debían preocuparse por el chico, que seguramente entre los humanos se encontraría en su salsa. Todas se imaginaron a su admirado gallo sentado en un puesto de honor a la mesa de los humanos. Poco se podían imaginar que una torpe cocinera se equivocaría con la receta de Nochebuena y  aquel gallo, que días atrás se pavoneaba tan apuesto y soberbio, acabaría descuartizado en el cubo de la basura, junto a las mondas de las patatas.

Publicado en: Castellano, Relatos Etiquetado como: Castellano, fábula, Ficción, Filosofia, Humor

El invierno ha llegado

24 octubre, 2017 by JAP Vidal 1 comentario

«¡Qué lástima me provocan aquellos que creen que se puede matar al odio!
Ellos, pobres necios, serán los primeros que caigan, incrédulos, cuando por sorpresa reciban en su corazón el zarpazo de la rabia que daban por sepultada para siempre, y que de nuevo se habrá levantado de su tumba, en el frío hielo, para aniquilarnos a todos.»
– Cita extraída de las Crónicas de los Vándalos y los primeros hombres.

 

Una docena de individuos patean y golpean con los palos de sus banderas a un joven indefenso, enemigo por el simple hecho de cruzarse en su camino y no ser uno de ellos. Satisfecha su sed de sangre, uno de los agresores, bajito y vestido de bufón, se aleja de la escena dispuesto a disfrutar de la tranquilidad de la ciudad sometida. El bufón  salta alegre y jovial por las calles vacías, cantando en voz alta una canción que habla de humillación, rompiendo el silencio de la muerte y sin miedo alguno a provocar la ira de los vencidos.

“…Pero ahora las lluvias lloran en su salón, sin nadie que las escuche. Sí, ahora las lluvias lloran en su salón. Y ni un alma hay que las escuche.”

Nada ha de temer de aquellos que, ocultos, escuchan sus chanzas. A estos solo les queda la esperanza de sobrevivir hasta el día de la venganza. El Norte recuerda, se dicen a ellos mismos con los puños cerrados.
De pronto, la canción muere en los labios del bufón antes de que pueda completar un nuevo estribillo. Se ha quedado paralizado al escuchar el cuerno sonar tres veces.
A las puertas de aquella ciudad septentrional se ha concentrado una niebla densa como la leche y más fría que el hielo, que traspasa las murallas como el viento traspasa el campo. Antes de que finalice el día, esa niebla y lo que ella oculta, convertirá a bufón, vencidos y vencedores, a todos ellos sin excepción, en sombras sin futuro.

Un mes después…

Ninguno de los clientes, ni siquiera el dueño del establecimiento, sospecha que en aquella humilde posada de un condado del sur se está decidiendo el destino de los Cuatro Reinos. Los dos comensales han elegido la mesa más escondida y menos iluminada de toda la taberna. Además, mantienen sus caras ocultas bajo sendas capuchas incluso mientras simulan dar buena cuenta de sus platos. Se había planteado la posibilidad de realizar tal reunión en algún lugar más discreto, pero las propuestas se rechazaron porque nadie podía garantizar la seguridad. Es mejor así, ocultos entre la multitud que abarrota aquel comedor.

– El autoproclamado «Rey en el Norte» ha aceptado mi propuesta.
– El traidor sabe que está acorralado y busca escapar como una rata.
– En mi opinión teme más al invierno que a las tropas de vuestro ejército.
– ¡Cuentos de viejas!
– Obviáis, mi señora, que el Norte es el bastión que os protege de los peligros de Más allá de las montañas.
– La única amenaza real son los insurgentes que anhelan fragmentar los Cuatro Reinos. Nada va a detenerme en mi objetivo. El rey, el auténtico rey, volverá a unirlos a todos y castigará a los rebeldes como se merecen.
– Por favor, no os dejéis llevar por el odio, mi señora. Recordad que el Rey en el Norte no está solo. De hecho, me consta que tiene el apoyo de la República.
– ¡Esa maldita zorra!
– Que posee la mayor fuerza de los Cuatro Reinos y capacidad para pasar por el fuego todo vuestro territorio.
– No se atreverá a atacar, es débil, le pierden sus escrúpulos.
– Piense mi señora que si no fuera por ese detalle, ella ya estaría gobernando desde el trono de hierro a todo un reino de muertos.
– Sería muy apropiado para combatir contra el ejército de las sombras de vuestros cuentos de viejas.
– De todos modos, mi señora, no he venido hasta aquí para hablar de conjeturas, si no para pediros que renunciéis a vuestra estrategia de terror.
– ¿De qué estrategia habláis?
– La de dar libertad a vuestras huestes de paramilitares para que siembren el pánico por todo el Norte.
– ¿Se refiere a mi ejército popular capitaneado por Sir Albiol?
– No será posible llegar a un acuerdo de paz mientras la Montaña siga alimentando la rabia y el odio.
– ¿Quién quiere la paz?
– Vuestra merced, aunque aún no lo sepa.
– El día que necesite la paz yo misma me arrancaré la vida.
– No será necesario. Os traigo la misma propuesta que le hice al Rey en el Norte.
– ¿Qué ofrecéis? 

– La forma más rápida de terminar la guerra. Un duelo de campeones.
– Ya veo. Un combate de todo o nada, ¿no?
– Exacto. El que gane se lleva los Cuatro reinos, el que pierda deberá capitular y someterse al vencedor.
– ¿Y quién será el campeón del norte?
– Sir Gabriel.
– ¿El “Rufián”? ¡Qué divertido!
– ¿Por qué?
– Acepto.
– ¿Cómo?
– No Lord Variseta. Las preguntas correctas son dónde y cuándo. Y la respuesta es en mi capital, el primer día de la nueva luna. Aquí esperará nuestro campeón al adalid de los renegados. Por cierto, ningún rebelde traidor podrá entrar armas en la ciudad.
– Excepto Sir Gabriel.
– Él tampoco. 

– Pero…
– No hay peros. 

Y llega el día del combate.

Toda la ciudad se  acerca hasta el gran Coliseo pero solo unos privilegiados pueden presenciar el gran combate. Aquí están los representantes de los Lannister y los hijos del Hierro por un lado. Por el otro, algunos caballeros del Norte en calidad de embajadores y acompañados de un pequeño ejército de los temibles dothrakis de las verdes praderas junto al Cantábrico. Todos ellos han sido desarmados antes de entrar en la capital.
Aparecen los dos campeones. Por un lado Sir Gabriel, al que todos en Kingslanding llaman el Rufián, con un laúd en sus manos como única arma. Por el otro bando, el campeón del rey, Sir Albiol, el gigante al que apodan la Montaña, archienemigo de Sir Gabriel, con un inmenso mazo que sostiene con ambas manos. El Rufián se mueve en círculo alrededor de su inmenso adversario. La Montaña le lanza un golpe de mazo que, de rozarle, habría destrozado la cabeza de Sir Gabriel. Sin embargo, este realiza una hábil finta y se libra por centímetros. De nuevo el gigante lanza otro ataque con su poderosa arma, y su contrincante lo salva con maestría. Sin embargo, ninguno de los presentes entiende por qué el Rufián no aprovecha sus contadas ocasiones para contraatacar. Tampoco saben cómo podría hacerlo con un simple laúd. ¿Tendrá algún mecanismo oculto que en algún momento dejará visible un sistema de cuchillas untadas en cicuta? Como respuesta a la incógnita que a todos preocupa, Sir Gabriel comienza a rasgar las cuerdas del instrumento y a cantar, al tiempo que sortea con elegancia los mandobles de la mole enemiga.

Si jo l’estiro for per aquí
i tu l’estires fort per allà,
segur que tomba, tomba, tomba
i ens podrem allibe…..

El mazo le revienta la cabeza como si de la cáscara de un huevo se tratase. El metal se queda aprisionado en medio de la traquea destrozada. La gente de Kingslanding vitorea a su campeón. El Norte, parece ser que no tenía un plan demasiado elaborado. De repente la oscuridad planea por encima del Coliseo. La inmensa sombra del dragón se va haciendo cada vez más pequeña, hasta desaparecer bajo la gran bestia cuando esta aterriza en la arena. Una mujer semidesnuda monta al legendario animal. La montaña, asustado por primera vez en su vida, no le quita ojo mientras intenta desesperado y sin éxito extraer el mazo del cadáver de Sir Gabriel. La mujer de semblante serio, República se llama, le observa con gesto de desprecio y pronuncia una única palabra.

– ¡Dracarys!

El dragón carboniza en el acto a la Montaña. En la tribuna, el Rey del trono de Hierro se levanta lleno de ira.

– ¡Eso no vale! ¡Mi campeón ha ganado!
– ¡Dracarys!

Toda la tribuna es arrasada por el fuego de Drogon. Los nobles de un bando, los del otro, todos sin distinción, se han convertido en cenizas. La República continúa a lomos de su dragón, observando impertérrita el terrorífico espectáculo. La atmósfera se llena del olor de la carne quemada. Las cenizas grises, de repente, se vuelven blancas. Blancas y frías. Ha comenzado a nevar y la República mira al cielo sin comprender lo que sucede.

Nadie ha hecho sonar el cuerno esta vez, el duelo de campeones ha dejado en mínimos las defensas de Kingslanding y los Otros han entrado en la ciudad sin encontrar resistencia alguna. La densa niebla rodea la capital de los Cuatro Reinos. Ya no hay combate en el Coliseo, ya no hay fuego, solo hay frío y oscuridad blanca. Miles de ojos azules  sobrenaturales y llegados de Más allá de las montañas rodean a los aterrorizados habitantes de los Cuatro Reinos. No hay salvación.

O quizás sí.

De pronto suenan los cuernos anunciando la llegada de un nuevo ejército. Cabalgando a la cabeza de los recién llegados, el Rey en el Norte, acompañado de su lugarteniente Sam Tarly. Ambos armados con espadas de «vidriagón«. Aquellos de los Otros a los que las espadas alcanzan, lanzan gritos aterradores y explotan en pedacitos de carne podrida. El Rey en el Norte ha visto a la República al lado de su dragón muerto, ahora su gran objetivo es protegerla. Sabe que si la República no sobrevive, el Norte tampoco lo hará.

La lucha es encarnizada y dura varios días. Miríadas de cuerpos cubren las calles de la ciudad, en algunos casos se amontonan formando pilas tan altas como edificios de varias plantas. 

Al final los ejércitos de los vivos consiguen exterminar hasta el último de los horrores que alberga la noche oscura. Los habitantes de Kingslanding que han sobrevivido al terror, aceptan agradecidos a la República como su única señora. El Rey en el Norte se somete a la República que gobierna por fin los Cuatro Reinos, pero esta le promete respetar la decisión que su pueblo tome.

Nada queda de la dinastía de los Lannister ni de los hijos del Hierro. Ambos han sido aniquilados por el fuego y por el hielo.

 

Publicado en: Castellano, Relatos Etiquetado como: Castellano, Ficción, Humor, Política

Llueve sobre mojado

19 octubre, 2017 by JAP Vidal Deja un comentario

Suena  el despertador a las siete de la mañana y Miguel se levanta de un salto de la cama, con la ilusión y los nervios de aquel que estrena un primer día de trabajo. Después de varios años navegando por las grises tareas informáticas de una empresa de seguros, por fin ha llegado el momento del cambio, un soplo de aire fresco en la vida de Miguel. Es la gran oportunidad que necesitaba para crecer profesionalmente y que llevaba mucho tiempo esperando.

La calle le da los buenos días ofreciéndole una mañana luminosa después de un par de días de fuertes lluvias. Todo son buenos augurios. Tal es su optimismo, que a Miguel incluso se le pasa por la cabeza una idea peregrina, así de pronto, sin saber por qué. «Solo me falta que el conflicto España-Cataluña se solucione. Y estoy convencido de que lo hará muy pronto. Simplemente es cuestión de sentarse a hablar, nada más. Seguro que ambas partes pueden llegar a un acuerdo satisfactorio para todos y rebajar la tensión que desde hace meses afecta a toda la sociedad. La culpa es del verano tan largo que hemos tenido”, piensa Miguel. «Todo el mundo sabe que el calor exacerba las bajas pasiones, nos vuelve más irritables e irracionales. Seguro que ahora, que por fin asoma el otoño, nos volveremos todos un poco más sensatos”, concluye.
Sale de sus pensamientos justo para darse cuenta de que se ha pasado el edificio de su nuevo empleo. “Vaya, al final voy a llegar tarde por culpa de mis elucubraciones. Ya lo decía mi madre, soy un despiste con patas”. Vuelve sobre sus pasos pero no encuentra la entrada. “¡Qué extraño!, me habré equivocado de calle, voy a consultar la dirección en el correo del móvil”.

Miguel no se ha equivocado, la dirección es la correcta pero en la puerta del edificio no hay ningún letrero de su empresa. Habrá que preguntar al conserje.

– Sí, hasta ayer estaban aquí.
– ¿Cómo que hasta ayer?
– Se han mudado, se han ido fuera de Cataluña. Ya sabe, la fuga de empresas.
– ¡Pero si hoy empezaba a trabajar con ellos!
– ¿Y no le han avisado? ¡Ya no hay educación en el mundo! De todos modos, ha sido algo repentino. Yo me enteré ayer por la tarde, por los trabajadores que se despedían de mí.
– ¿Y qué han hecho ellos?
– Se han ido todos a una empresa que hay en el centro de Barcelona que trabaja en el tema de seguros. Debe ser la única empresa que sigue contratando trabajadores en estos tiempos tan convulsos.

Miguel, ya en la calle, ha llamado a su anterior empresa, ha hablado con la responsable de Recursos Humanos que le ha dicho que lo siente mucho, pero que acababan de contratar treinta empleados nuevos y que no necesitan de sus servicios. Le ha deseado mucha suerte y que si sale algo tenga por seguro que le avisarán de inmediato.

De repente, el cielo se ha tapado por completo y la lluvia ha regresado. Miguel, empapado, ni se inmuta. Para él, llueve sobre mojado.

Publicado en: Castellano, Relatos Etiquetado como: Castellano, Ficción, Humor, Política, Sociedad

Aplicando la ley proporcionalmente

3 octubre, 2017 by JAP Vidal 3 comentarios

Ciudad de Los Angeles, año 2017.

– ¡Hostia! ¡Si es Robocop! ¡Qué fuerte!
– Está usted contraviniendo el artículo 678 barra 9 de la ley urbana de Los Angeles.
– ¿Qué pasa?  ¡Si es María, buena pal body, tronco! ¿Quieres un porrito?
– Eliminando amenaza.

Media hora después, en otro punto de la ciudad.

– ¡Robocop! ¡Perdona! ¡Te juro que ha sido una urgencia!
– Está usted contraviniendo la prohibición del uso del teléfono móvil mientras se conduce.
– Mi mujer está dando a luz y…
– Eliminando amenaza.

Una hora más tarde, en el centro de Los Ángeles.

– Está usted contraviniendo el artículo 728 barra 16 de la ley de Salud e higiene del ayuntamiento de Los Ángeles.
– ¡Pero si solo he tirado una colilla al suelo!
– Eliminando amenaza.

Otra hora después, en el laboratorio del Departamento de Policía de L.A.

El alcalde se asustó al entrar y encontrarse al androide justo delante. Todavía no se había acostumbrado a la imponente presencia de Robocop, una mole de acero de dos metros de altura. Su mandíbula protuberante era la envidia de todos los agentes de policía de la ciudad. Pero Robocop, el orgullo del cuerpo, estaba sufriendo una crisis en esos momentos.

– ¿Qué demonios ha sucedido hoy, doctor Jones?
– Buenos días, alcalde. Parece ser que el comportamiento psicópata del agente Robocop se debe a una alteración en su configuración.
– Explíquese Jones.
– Ya sabrá usted que ayer nos fue devuelta esta unidad desde Europa, donde la habíamos cedido para una operación especial que debía llevarse a cabo allí, durante una semana.
– Lo sé, lo sé. La idea era prestarles la unidad para que la probasen y acabaran comprando a nuestro fabricante americano unas cuantas unidades.¿Y qué ha pasado?
– Pues que a algún gracioso allí, se le ha ocurrido poner el modo «BESTIA» para testear, o para hacer la gracia, vaya usted a saber.
– La madre que lo…
– En consecuencia, cada vez que Robocop ha de analizar la severidad del castigo a aplicar en aquellos delitos que descubre, lo hace de forma proporcional al modo «BESTIA».
– ¡Joder! ¿De cuántas bajas estamos hablando?
– Trescientas doce víctimas en cinco horas de servicio. Y lo peor es que no hemos sido capaces de deshabilitarlo.
– ¿Cómo que no han sido…? ¿Por qué está ese piloto encendido? 

La voz metálica del androide resonó poderosa en la sala hermética.

– Está usted implicado en cuatro casos de corrupción.
– ¿Qué vas a hacer? Soy el alcalde, tu jefe. ¡Detente! ¡No!
– Eliminando amenaza.

Publicado en: Castellano, Relatos Etiquetado como: Castellano, Ficción, Humor

El antropófago del Gayxample

27 septiembre, 2017 by JAP Vidal Deja un comentario

—  ¡Te has comido a mi novio!
— No es lo que parece, te lo puedo explicar.
— ¿Qué vas a explicarme? He visto cómo te lo tragabas.
— ¡Ha sido él quien ha querido que yo me lo comiera!
— ¿Pero qué dices? ¿Por qué iba a querer tal cosa?
— ¿Te tranquilizas y me dejas que te lo explique?
— Te doy un minuto, luego llamo a la policía.
— ¿Y qué le vas a decir? ¿Que un contenedor de basura se ha comido a tu novio? ¿Te das cuenta que te tomarán por loco?
— ¿Cómo es que puedes hablar?
— No lo sé. El otro día un tipo llegó corriendo y me tiró unas cuantas mierdas químicas. Me debieron sentar fatal porque desde entonces tengo la capacidad del raciocinio y la del habla.
— ¡Pero tienes vida!
— ¡Y tú también, qué raro! ¿No te das cuenta de que tú y yo estamos compuestos de materia orgánica y en nuestro interior se producen complejas reacciones químicas? 
— ¡Qué raro eres! Eres capaz de argumentar como un científico.
— No solo eso. Te puedo garantizar que soy un dios.
— ¿Un dios?
— Sí, el dios de los contenedores de la basura. Soy un ser superior sobre el resto de contenedores de este planeta.
— Hombre, visto así…
— Mira Ramón…
— ¿Cómo sabes mi nombre?
— Iván, tu novio, me lo ha dicho. Me ha pedido que te diga que desea que te unas con él en mi interior.
— ¿Me quieres comer? ¡Voy a llamar a la policía!
— ¡Detente! ¡No te voy a comer! Si tú no quieres. Yo solo te digo que Iván lo tuvo muy claro. Mi panza es inmensa, mucho más grande de lo que parece desde fuera. Allí tendréis todo lo que necesitéis. Comida, cobijo, intimidad… Y si un día lo queréis dejar, pues nada, me lo decís y tan amigos. Nadie os molestará, te lo aseguro. Vosotros no os merecéis las miradas de desprecio de esos homínidos que tienen más pelos en el culo que neuronas en el cerebro. ¿Para qué sufrir malos ratos cuando aquí podéis estar tranquilos todo el tiempo que queráis? Nadie os mirará mal, ni hablará a vuestras espaldas. Yo sé lo que es ser rechazado, en mi caso por mi olor y mi condición de recipiente de desechos.
— Odio sus cuchicheos.
— Dan asco.
— Y sus miradas impertinentes.
— Sí, son tan imbéciles que se te quedan mirando fijamente, como si fueran invisibles.
— Es una sociedad de mierda.
— Tú lo has dicho. Yo os puedo proporcionar un paréntesis de paz y vosotros llenarlo de amor.
— Nos podremos besar.
— Y coger la mano.
— Sí, sin que nadie nos insulte.
— Libres de las miradas de los necios.

— ¿Y podemos salir cuando queramos?
— Solo tenéis que pedírmelo y en un periquete estáis de vuelta.
— Pues allá voy.  Abre la boca.
— Cuidado no te hagas daño al caer dentro.
— ¡Iván! ¡Ya voy!
— ¡Ñam, ñam!

…

— ¡Al monstruo, al monstruo!
— ¿Qué pasa? ¿Qué he hecho?
— Te has comido a ese chico! ¡Voy a llamar a la policía!
— ¡Tiene una explicación! Dame solo un minuto y te lo explico. ¿Te he dicho ya que soy un dios?

Publicado en: Castellano, Relatos Etiquetado como: Castellano, Ficción, Humor, Religión, Social

  • Página 1
  • Página 2
  • Ir a la página siguiente »

Copyright © 2026 · Infinity Pro on Genesis Framework · WordPress · Acceder

Utilizamos cookies propias y de terceros para garantizar el funcionamiento de la web, medir su uso y mejorar nuestros servicios. Puede aceptar todas las cookies, rechazar las no necesarias o configurar sus preferencias. Política de cookies

Configurar cookies

Necesarias para que la web funcione correctamente. No se pueden desactivar desde este panel.

Ayudan a medir el uso del sitio y mejorar sus contenidos.

Permiten publicidad, medición de campañas o personalización de anuncios.

Guardan preferencias o permiten contenido externo no necesario.