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JAP Vidal

Relatos fantásticos y de misterio de JAP Vidal

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Ciclisme

Crónica de un accidente anunciado

27 abril, 2016 by Wambas Deja un comentario

El vehículo se detuvo prácticamente de inmediato. El conductor no llegó a terminar de trazar la curva por lo que el coche quedó girado entre dos carriles, en pleno Paseo de Gracia. El hombre salió del coche con las manos en la cabeza; el miedo se reflejaba en sus ojos, tan abiertos que le ocupaban media cara.


– No t’he vist, perdona’m! No t’he vist! M’ho ha dit la meva dona! T’has fet molt de mal?


Yo me levanté del asfalto con el culo dolorido; también me molestaba la mano izquierda, gracias a la que había evitado un golpe más fuerte con el cuerpo o incluso la cabeza. Ambos íbamos a la par, yo lo vigilaba porque no me fiaba. En el último momento puso el intermitente derecho y un segundo después ya estaba girando, sin darse cuenta de que yo estaba a su lado. Giré el manillar también hacia la izquierda mientras frenaba en seco. Pero esta vez la suerte no estaba de mi parte, el cable del freno trasero se soltó y mi freno delantero es más inútil que el presidente del gobierno. Tampoco pude girar demasiado porque el giro brusco del coche me cerró prácticamente por completo. Me vi abocado a realizar una trayectoria casi recta y rezar. Por suerte, antes de romperse, el freno trasero me ayudó a ceder un par de metros al coche, si no me hubiese atropellado. En lugar de eso, fui yo quien lo atropelló a él, mi rueda delantera se fue a estampar contra el lateral posterior del coche. Bicicleta y cuerpo salimos despedidos hacia la izquierda, fuera de la trayectoria del coche, yendo a caer en medio del asfalto del Paseo de Gracia, a apenas un kilómetro de mi destino. Primero chocó mi mano, luego mi trasero, me fui girando hasta quedar caído de espaldas, las gafas acabaron a la altura de mi boca. Tuve suerte. Podía haber sido mucho peor. Casi todos los días algún vehículo me hace maniobras parecidas, la diferencia es que hoy me ha fallado la bici, se me ha roto el freno cuando más lo necesitaba.  


– Estic bé – le contesté – Només intenta vigilar més un altre cop.
– Ho sento, de debò. M’ha avisat la meva dona però massa tard. De debò estàs bé?
– Sí, sí. Tranquil. No passa res.


Él siguió su camino, yo recogí la bici y me subí a ella. En el kilómetro que me faltaba aún por hacer, dio tiempo a que me pasaran a menos de medio metro un par de coches y una moto. Imagino que les molestaba que fuera un poco lento. Claro, no sabían que solo me iba el freno delantero y que apenas podía pulsarlo porque me dolía la mano. Me ha cabreado mucho más la actitud agresiva de estos capullos que no el tipo que me ha tumbado por no verme. Al fin y al cabo, lo suyo ha sido un fallo que podemos tener todos, sin embargo ciertos imbéciles juegan con la vida de los demás de la manera más frívola .

¿Se acabarán aquí las historias de Ulises? Quién sabe, ahora mismo no lo tengo muy claro. Cada día soy más consciente de que me juego la vida en cada trayecto que hago por esta ciudad. Sabía que esto iba a pasar más pronto que tarde. Lo importante es que cuando ha sucedido he salido casi ileso y he aprendido una nueva lección: evitar llegar a cruces en paralelo con otros vehículos. 

Publicado en: Descatalogada Etiquetado como: Castellano, Ciclisme, Ulises

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20 abril, 2016 by Wambas Deja un comentario

Català Español  

Em dic Ulises. No sóc pas el rei d’Ítaca. No he conquerit Troia. Les úniques sirenes que conec són les dels serveis d’urgències. Tampoc sóc un heroi.


Sí que sóc un aventurer. Sense voler pecar de presumptuós, em permeto la llicència d’adjudicar-me aquest adjectiu després d’haver viatjat més de deu mil quilòmetres en bicicleta pels carrers de Barcelona. Potser algú de vosaltres pensi que estic de conya, que no és per tant. Malgrat tot, la majoria de vosaltres segur que us podeu fer una idea del que representa circular en bicicleta per una ciutat com Barcelona i la quantitat d’anècdotes que comporta.
M’han insultat, m’han passat fregant per a demostrar-me qui és el fort i qui sobra a la carretera, fins i tot una vegada em van llençar un ou des d’un edifici -que no em va impactar de miracle- mentre romania aturat a un semàfor de la Meridiana. He tingut agries discussions amb vianants, taxistes, conductors d’autobús, transportistes, motoristes.
Però també he tingut bones experiències que em recorden que la majoria de la gent és bona, malgrat que sovint no ens ho sembli. I sobretot he après moltes coses durant aquests més de deu mil quilòmetres que es podrien resumir en tres: respecte, seny i humilitat.


Respecte: Jo no sóc més que ningú, no tinc cap tracte especial pel qual sempre hagi de tenir preferència o pugui fer el que vulgui. Si actuo d’aquesta manera, no duraré gaire.


Seny: si sempre el féssim servir ni tan sols ens caldria regir-nos pels senyals de circulació. Tothom tindria prou cap per a saber què pot i què no pot fer.


Humilitat: tothom s’equivoca, i quan ho fem hem de ser prou madurs per a reconèixer els nostres errors. Una disculpa a temps pot estalviar-nos tensions innecessàries amb altres vehicles o vianants. I igual que hem de reconèixer els nostres errors, també hem de disculpar els dels altres quan admeten el seu error.

També puc afirmar que els ciclistes no són ni millors ni pitjors que la resta d’elements que formen el puzle de la circulació per Barcelona. No es pot parlar de col·lectius perillosos, sinó de persones amb un comportament perillós o negligent. De vegades la ignorància és la pitjor de les amenaces.


Dit això, sóc conscient que demà, quan torni a agafar la bici, ningú em garanteix que el destí no em depari una mala jugada, una bicicleta blanca que qualsevol dia decori el lloc on vaig quedar-me per sempre. Cada viatge és diferent, una nova aventura on els deus juguen amb nosaltres.


Me llamo Ulises. No soy el rey de Itaca. No he conquistado Troya. Las únicas sirenas que conozco son las de los servicios de urgencias. Tampoco soy un héroe.


Sí que soy un aventurero, sin querer pecar de presuntuoso. Me permito la licencia de adjudicarme este adjetivo después de haber viajado más de diez mil kilómetros en bicicleta por las calles de Barcelona. Quizás alguno de vosotros piense que estoy de cachondeo, que no es para tanto. A pesar de todo, la mayoría seguro que os podéis hacer una idea de lo que representa circular en bicicleta por una ciudad cómo Barcelona y la cantidad de anécdotas que comporta.
Me han insultado, me han pasado rozando para demostrarme quién es el fuerte y quien sobra en la carretera, incluso una vez me tiraron un huevo desde un edificio – que no me impactó de milagro- mientras estaba parado en un semáforo de la Meridiana. He tenido duras discusiones con peatones, taxistas, conductores de autobús, transportistas o motoristas.
Pero también he tenido buenas experiencias que me recuerdan que la mayoría de la gente es buena, a pesar de que a menudo no nos lo parezca. He aprendido muchas cosas durante estos más de diez mil kilómetros, pero se podrían resumir en tres: respeto, cordura y humildad.


Respeto: Yo no soy más que nadie, no tengo ningún trato especial por el cual siempre tenga que tener preferencia o pueda hacer lo que quiera. Si actúo de este modo, no duraré mucho.


Cordura: si siempre actuáramos con sentido común ni siquiera necesitaríamos regirnos por las señales de circulación. Todo el mundo tendría suficiente cabeza como para saber qué puede y que no puede hacer.


Humildad: todo el mundo se equivoca, y cuando lo hacemos tenemos que ser suficientemente maduros para reconocer nuestros errores. Una disculpa a tiempo puede ahorrarnos tensiones innecesarias con otros vehículos o peatones. E igual que tenemos que reconocer nuestros errores, también tenemos que disculpar los de los demás.


También puedo afirmar que los ciclistas no son ni mejores ni peores que el resto de elementos que forman el puzzle de la circulación por Barcelona. No se puede hablar de colectivos peligrosos, sino de personas con un comportamiento peligroso o negligente. A veces la ignorancia es la peor de las amenazas.


Dicho esto, soy consciente que mañana, cuando vuelva a coger la bici, nadie me garantiza que el destino no me depare una mala jugada, una bicicleta blanca que cualquier día decore el lugar donde me quedé para siempre. Cada viaje es diferente, una nueva aventura donde los dioses juegan con nosotros.

Publicado en: Descatalogada Etiquetado como: Barcelona, Castellano, Català, Ciclisme, Ulises

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