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JAP Vidal

Relatos fantásticos y de misterio de JAP Vidal

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cazador de lágrimas

Max

14 mayo, 2019 by JAP Vidal Deja un comentario

-¡Max, despierta! ¡Max, vamos, despierta! ¡Venga, Max! ¡Max, vamos, ya no te aviso más! ¡Max, despierta de una vez! ¡Max, por favor, ya es muy tarde! ¡MAX!

El chico abre los ojos tras recibir el golpe de la almohada sobre su cabeza. Otra vez al instituto, piensa.

– ¡Espabila Max! Tienes el desayuno en la mesa, que no se te enfríe.

La voz se va alejando, su madre ya no está en la habitación.»Debe estar poniéndose los zapatos», aventura Max. En efecto. Unos segundos más tarde, escucha los pasos apresurados que se acercan con otro calzado diferente. Es el momento de levantarse.

– ¡Venga, holgazán! ¡Sal ya de la cama o se te hará tarde y te castigarán!

Max se incorpora sobre el colchón y lentamente se quita la camiseta del pijama. Siguiendo unos automatismos adquiridos durante los últimos años, el joven se asea, se viste y desayuna, en ese orden. Después de dar un beso rápido a su madre y ponerse las deportivas, sale de casa incapaz de recordar si ha desayunado cereales o galletas, o si ha llegado a peinarse y cepillarse los dientes. Incluso, ahora que ya está un poco más despierto, echa un vistazo a su camiseta para comprobar que no se la ha puesto al revés.

¿En qué piensa este chaval de quince años, espigado como un junco y al que le acaban de salir los primeros pelos del mostacho adolescente? Pues en lo que cualquier chico de su edad. Max sueña con fútbol y también con protagonizar aventuras en las que él es un héroe y salva de las garras de los villanos a la chica guapa de su clase, de la que se ha enamorado este curso y tiene miedo de que su madre se entere y le deje en ridículo. Hubo un tiempo en que Amparo lo sabía todo de él, era su segunda piel. Sin embargo, con el tiempo Max se ha ido convirtiendo en una caja de secretos para su madre.

Con paso errático llega al instituto. No es consciente del interés con el que le miran algunas chicas; él ahora mismo solo tiene ojos para esa alumna nueva de cabellos dorados como los suyos, que ha alborotado las hormonas de sus compañeros de curso y, por supuesto, también las suyas. Sin embargo, Max considera que ese ángel vuela fuera de su alcance, pensamiento que le frustra y provoca que últimamente esté de un humor insoportable y su comportamiento en casa desconcierte y preocupe a los adultos. Por suerte sus notas siguen siendo buenas, aunque su madre lo ve cada vez más instalado en las nubes.
Max saca los libros de su mochila, hay un papel doblado en el fondo. El joven lo abre. «Dibuja una sonrisa y que nadie te la borre en todo el día. Te quiero». La nota de su madre le obliga a sonreír durante un segundo. Luego, mira inquieto a uno y otro lado, preocupado por si alguien le ha descubierto. Sin embargo, la mayoría están demasiado dormidos a esta hora como para cotillear con sus compañeros. Max detiene su mirada en la chica que le tiene robado el corazón ¡Cómo le gustaría poder decirle que él es un héroe, que lucha contra un ser de otro planeta que quiere invadir la Tierra y esclavizar a todos sus habitantes! Pero ese tema es alto secreto. Sus ojos grises se alejan de ella antes de que la chica pueda darse cuenta de que está siendo espiada.

– ¡Max, por favor, cierra las persianas!

El profesor de matemáticas saca de repente a Max de sus pensamientos. El chico se levanta y obedece. La oscuridad ocupa rápidamente el hueco dejado por la luz del sol en su retirada. Un escalofrío recorre la espina dorsal de Max al observar como las sombras reptan por las paredes del aula. Viejos recuerdos le traen nuevos temores. Pasea la mirada por sus compañeros para intentar persuadirse de que solo se trata de una paranoia. El profesor continúa borrando los cálculos trigonométricos desplegados en la pizarra durante la última clase del día anterior. Algún alumno bosteza, otros vacían de forma mecánica el contenido de las mochilas sobre sus pupitres. Un grupito ríe mientras comentan entre ellos algo gracioso y observan a otra compañera, Fátima, que mira al frente, a la pizarra, con los ojos tristes. Una lágrima se desliza por su mejilla izquierda. El sentimiento de miedo se apodera de la mente de Max. Está allí, el Cazador de Lágrimas, en su clase. Ha venido a vengarse.

Sin embargo, si ha venido a por él, ¿Por qué está atacando a Fátima? La respuesta no tarda en ser contestada. Max escucha los susurros de sus compañeros de delante. “Mira en la pared, ese dibujo. ¡Es Fátima!” Alguien ha colgado un papel cerca de la puerta de entrada al aula. Se trata de la caricatura de una persona con una prenda negra que le cubre desde la cabeza hasta los pies, como si fuera un fantasma pero en oscuro. Encima del dibujo alguien ha escrito la palabra Fátima. Max se da cuenta de que el problema en esta ocasión no viene provocado por un ser de otro planeta, si no por jóvenes crueles que disfrutan humillando a sus compañeros y compañeras de aula. En este caso en concreto, se burlan de la compañera musulmana que nunca se mete con nadie.

Max intenta no ponerse nervioso. La ira no ayuda a tomar buenas decisiones. Así se le ocurre una manera de darle la vuelta a la situación.

Justo en el momento en el que el profesor ha acabado de limpiar el encerado y se da la vuelta para hablar a sus alumnos, el chico se levanta con un bolígrafo en la mano y, con paso decidido, se dirige a la puerta.

– ¡Max! ¿Se puede saber qué estás haciendo?
– Perdone un momento profesor. Solo será un segundo.

Los chicos que antes se reían ahora observan con indiscreto interés. Aquellos otros que aún no se habían despertado, abren bien los ojos intentando descubrir qué está pasando. Max se detiene junto al papel y dibuja algo en él. Luego se vuelve a su sitio con una sonrisa perfilada en su rostro. El profesor se acerca al dibujo y lo estudia un rato en silencio. Luego le añade algo con su propio bolígrafo.

Al terminar la clase, todos los alumnos excepto Max van corriendo a ver el dibujo. Ahora ya no hay solo la caricatura de una Fátima con burka. A su lado, cogiéndole la mano izquierda, hay el garabato de un personaje flaco y alto con un nombre encima, Max. Y en el otro lado, hay un hombre rechoncho con gafas con el nombre del profesor. Poco más tarde, casi toda la clase se ha dibujado en divertidas caricaturas de ellos mismos en el papel, excepto los cuatro bobos que comenzaron la broma. Max, antes de marchar, coge el papel y se lo da a Fátima. Ella lo recibe con una sonrisa de agradecimiento.

– Gracias Max. Ha sido un detalle muy bonito por tu parte.

Max, también sonríe aunque no sabe qué contestar. Sus ojos grises brillan de alegría porque ha sido valiente para ayudar a una compañera en apuros sin tener que pelearse con nadie. Tiene ganas de volver a casa para poder explicarle a su madre lo que ha sucedido. Y también para decirle que hay una chica que le gusta y que se ha caricaturizado a sí misma cogiéndole la mano derecha y con el rostro mirando hacia él.

Publicado en: Castellano, Relatos Etiquetado como: Castellano, cazador de lágrimas

El ente sombra

21 agosto, 2018 by JAP Vidal Deja un comentario

Las dos de la tarde de un tórrido día de verano. Ni un ser vivo en la calle. Hasta ahora. Junto a la persiana cerrada de una librería aparece una sombra desubicada, fuera de lugar. Ocupa un espacio pequeño, de unos cinco centímetros de diámetro. No, no tan pequeño, serán quizás unos diez centímetros…¡Rectifico! De manera lenta pero constante, la oscuridad se estira y estira como si despertara de un largo sueño o se relajara tras completar un largo viaje. Si algún insensato se atreviera a pasar en este momento junto a la tienda de libros y se percatara de su presencia, podría tomarla por una extensa mancha de aceite de motor en plena acera, un ejemplo más del incivismo urbano. El sentido común le impedirá descubrir la siniestra realidad: esta mancha es una forma bidimensional, oscura e inteligente, que repta como una serpiente hacia el extremo de la acera mientras su superficie se expande en todas las direcciones. Cuando alcanza el bordillo, la sombra mide cerca de dos metros de uno a otro extremo.
La forma baja de la acera y se desliza entre las rejillas de una cloaca, fundiéndose con las tinieblas de su interior. Ahora se siente más protegida, oculta a la vista de posibles enemigos. Sin embargo. aún sigue confusa. ¿Dónde está su ejército de entes sombra? Sin él no podrá colonizar este planeta rico en recursos. Esta sombra es la mente que coordina millones de seres oscuros, cada uno de ellos capaz de dominar los sentimientos de mentes más frágiles, más sencillas, como las de ese planeta azul que les enseñó aquel niño ermitaño. ¡El niño! ¡Le engañó! Seguro que su ejército lo ha castigado como se merece. Pero eso no soluciona nada. Tiene un problema. Necesita encontrar una puerta como la que le ha traído hasta aquí, aprender cómo funciona, y entonces podrá recuperar a su ejército invencible. La sombra volverá a estar completa. Pero primero ha de alimentarse, está débil, apenas puede reptar. En este agujero no hay nada que le pueda alimentar. Sin embargo, a través de las canalizaciones detecta la presencia de un ser vivo.
La rata limpia su rostro en el sucio río subterráneo. De pronto el roedor se detiene, se estira en el suelo y comienza a llorar. Si alguien piensa que los roedores no lloran es que jamás se ha parado a pensar que son mamíferos como los seres humanos, tienen su pequeño cerebro, inteligente y sensible ¿Por qué no iban a poder llorar pequeñas lágrimas de tristeza o de miedo? Lágrimas que caen justo encima de la sombra del roedor. El pobre animal, cuando ya no le quedan más lágrimas, se lanza al gran reguero de aguas pestilentes sin hacer ningún esfuerzo por mantenerse a flote. Muere ahogada por su tristeza. La impostora sombra, por el contrario, permanece allí donde la rata descansaba, asimilando la energía que le revitaliza. Necesitará absorber la vida de muchos más animales de este tamaño antes de salir al exterior y enfrentarse con garantías de éxito a un mundo desconocido.

Días más tarde nos encontramos en un puente que atraviesa un caudaloso río que cruza la ciudad. Aquí, un mendigo se prueba el abrigo marrón claro que le ha regalado una viuda generosa. Está feliz porque este abrigo le ayudará a protegerse del duro invierno que está a punto de llegar. Solo hay un problema, que la prenda no le pega con el sombrero de fieltro y los zapatos rojos que le regalaron la semana anterior. En un principio piensa que tampoco pasa nada porque no combinen, que mientras él esté caliente poco importan las apariencias. Sin embargo, el abrigo le trae a la memoria los tiempos en que las apariencias lo eran todo para él, más importantes incluso que la familia o las amistades. Hasta que lo perdió todo. «¡Seré tonto! Con las lágrimas voy a manchar el abrigo», piensa. Se lo quita y está a punto de tirarlo al río.  Se detiene porque otro pensamiento ocupa su cabeza: «No es el abrigo lo que merece acabar en esas aguas oscuras». Se quita el sombrero y los zapatos rojos, por si alguien puede aprovecharlos, los lanza con desidia a unos metros de distancia  y se prepara para saltar al río. En ese momento, una de las dos sombras del hombre se libera de su figura para pegarse a los zapatos. El hombre parpadea como si despertara de un sueño. Mira el abrigo, luego los zapatos y sale huyendo a toda prisa del puente. Le ha salvado la vida la curiosidad del ente sombra, al que de repente se le ha ocurrido una idea.

A partir de este momento, el ente sombra oculta su oscuridad bidimensional bajo un sombrero de fieltro, un abrigo marrón con las solapas levantadas y los zapatos rojos que desvían la observación de los curiosos hacia el suelo. Siempre pegado a las paredes, deslizándose sobre ellas, buscará sin descanso la puerta que de acceso al planeta azul a su ejército oscuro. 

Publicado en: Castellano, Relatos Etiquetado como: Castellano, cazador de lágrimas, Ficción

El caçador de núvols

18 abril, 2016 by Wambas Deja un comentario

– Bona nit, Laia! Que somiïs amb...amb qui?
– Avui amb l’Amparo i el Max.
– Molt bé. Els hi diré que aquesta nit somiaràs amb ells.
– No tanquis la porta, papà! Em fa por!
– A veure…no, no hi ha ningú.
– I el caçador de llàgrimes?
– No, tampoc, pots dormir tranquil·la. Bona nit, preciosa!
– Papà, no t’he dit el que he somiat aquesta nit!
– I què has somiat?
– Doncs he somiat que quan tu estaves a la feina hi havia un home que em protegia.
– Un home?
– Sí, era com el caçador de llàgrimes però amb sabates verdes i no pas vermelles.
– Que curiós! I què més?
– Doncs que també és una ombra, però es una ombra bona.
– I té nom?
– El caçador de núvols.
– I per què es diu així?
– Doncs per què camina sobre un núvol.
– M’agrada la idea. Caminar sobre els núvols és una forma de definir la felicitat. Pot ser l’antítesi perfecta del caçador de llàgrimes.
– Què és això?
– Doncs que és el contrari. T’agradaria una història amb el caçador de núvols?
– Sí, papà.
– Doncs m’ho apunto. Què tremoli el caçador de llàgrimes! Visca el caçador de núvols!

Publicado en: Descatalogada Etiquetado como: Català, cazador de lágrimas, Laia

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